y si el toxico soy yo

Y SI EL TÓXICO SOY YO. 6 ASPECTOS PARA HACER UN ANÁLISIS OBJETIVO DE NUESTRA PERSONALIDAD

Cuando nuestra vida resulta ser una cadena de relaciones fracasadas e infortunios de todo tipo, cabe que íntima y honestamente nos hagamos las preguntas ¿y si he estado haciendo todo mal? ¿estaré propiciando con mi actitud que las personas se alejen de mí en vez de sentirse a gusto conmigo? ¿y si el tóxico soy yo?

Cuando conocí a Melissa, hace ya varios años, resultaba ser una persona bastante esquiva y solitaria. Una vez que pude interactuar más con ella, me di cuenta de que tenía un gran corazón y deseaba mucho ser feliz.

Sin embargo, Melissa no había tenido “suerte”. Su vida estaba conformada por una interminable lista de fracasos sentimentales, amistades que se habían alejado, proyectos que no funcionaban y sueños rotos.

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Melissa había tenido una vida muy dura. Las personas que más debieron amarla y darle apoyo la habían defraudado. Por eso le costaba confiar. Cuando alguien intentaba ser amable con ella y le preguntaba algún detalle acerca de su vida, lo interpretaba como un ataque a su privacidad.

Reaccionaba a la defensiva e imponía límites. La desconfianza le provocaba celos en todas sus relaciones sentimentales, y tenía la actitud permanente de quien está en vilo, ante la certeza de que tarde o temprano sus relaciones estarían condenadas al fracaso.

No pasaba mucho tiempo antes de que las personas se alejaran y esto reafirmaba más en Melissa la convicción de ser una víctima del destino, que había determinado para ella una vida triste y solitaria. Y cada uno de esos alejamientos acrecentaba el dolor y la soledad, aumentando la acidez de su carácter a la hora de interactuar con los demás.

¿Y si el tóxico soy yo? ¿Cómo determinar si el problema está en nosotros mismos?

Aunque para los demás sea fácil darse cuenta de algo que es más que obvio, para la persona atrapada en esta situación no lo es tanto. La psiquis humana es compleja, nuestro subconsciente posee innumerables estrategias para protegerse de lo que interpreta como ataques directos a su integridad.

Y en esto el ego juega un papel primordial. El ego es la capacidad de reconocernos a nosotros mismos, la conciencia del YO, lo que nos diferencia interiormente del resto de las personas. Es nuestro imperio íntimo.

Encontrar defectos en los demás es siempre mucho más fácil que detectar los propios. Recordemos que en nuestro mundo interior solo nos tenemos a nosotros mismos. Por eso tratamos a toda costa de crear una autoimagen que nos satisfaga.

Para esto y sin ser conscientes de ello, culpamos a elementos externos de los problemas que surgen en nuestras relaciones interpersonales y justificamos nuestras acciones con todos los recursos que tengamos a mano.

Y es que, aceptar que estamos errados y somos los que hemos actuado mal, sería como propiciarnos un ataque a nosotros mismos y la idea de tener que convivir interiormente con alguien cuya aptitud no aprobaríamos, nos asusta.

Pero si hemos llegado a ese punto en el que ya no sabemos cómo encausar nuestra vida y hallar razones para ser felices, deberíamos comenzar un autoexamen concienzudo y realista.

Hay varios aspectos que nos podrían dar una idea de cuán tóxicos estamos resultando ser para los demás y hasta dónde somos responsables de “nuestra mala suerte”. Analicemos distintos patrones de pensamiento que nos pudieran estar provocando una actitud tóxica.

6 rasgos para determinar si el tóxico soy yo mismo

 1-Actúo así porque soy una víctima.

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Esta es una de las justificaciones más comunes y nocivas que se dicen a sí mismas las personas cuyo comportamiento los aleja de los demás. Son muchas las situaciones que nos llevan a sentirnos y actuar como una víctima.

Una infancia arruinada, un trauma importante o la confluencia de diversos factores que nos llevaron ser inseguros y con una baja autoestima, son algunos de los detonantes para asumir inconscientemente el rol de víctimas.

Pero, aunque para el mundo que nos rodea, tendemos a enmascarar nuestra vulnerabilidad con una coraza de orgullo y aparente fortaleza, muy interiormente nos seguimos sintiendo frágiles y rotos.

Entonces, nuestra aptitud asume dos vertientes diferentes, una es la visible, la que proyectamos al mundo exterior y con las que nos comunicamos y la otra es con la que convivimos internamente. Así que, mientras que a los demás le ofrecemos una imagen de rudeza afectiva, imponiendo límites y actuando a la defensiva, por dentro estamos suplicando que no nos dañen.

Nos sentimos débiles, vulnerables y heridos y asumimos nuestra actitud como la única forma que tenemos de enfrentar un mundo que ha sido cruel con nosotros.

Cualquier efecto negativo que ocasione en los demás nuestra forma de actuar, será justificado y minimizado inmediatamente por la víctima que vive en nosotros, centrándose solo en el dolor que el otro estaba causándonos o podría llegar a causarnos.

2-Me siento agredido por todos.

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En nuestro día a día es común encontrarnos con todo tipo de personas. Nos toparemos con las amables y bondadosas, con las indiferentes y también con aquellas que por cualquier razón aparente nos agredirán verbalmente.

Pero si constantemente sentimos que las palabras y acciones de todas las personas que nos rodean están mal intencionadas, si siempre nos tomamos como algo personal la actitud de familiares, amigos o compañeros de trabajo, es hora de detenernos y hacer un examen profundo de nuestra personalidad. Y lo creamos o no, esos supuestos ataques solo existen en nuestra mente.

Hemos construido un fuerte e inconscientemente nos atrincheramos en él, donde creemos que estaremos protegidos de todos a nuestro alrededor. Pero esa forma de interactuar con las personas con las que convivimos o nos relacionamos, desencadena tensión y fricciones y termina alejándonos de los demás.

3-Manipulo a los demás, pero es por su bien.

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Muchas personas sienten que es “su deber” dirigir o manipular a los otros, sean miembros de su familia o personas con las que se relacionan. Este es el caso de padres que, aun siendo sus hijos mayores de edad e independientes, sienten como su obligación y una muestra de amor y preocupación, interferir directa y agresivamente en su intimidad o su vida social y familiar.

Para conseguir los efectos deseados hacen uso de tácticas de manipulación y control. La potestad que a veces deseamos imponer sobre nuestra pareja, hijos mayores de edad, padres, amigos o compañeros de trabajo y que consideramos muy justificada, no es una actitud sana ni productiva.

Es solo el resultado de una personalidad tóxica, donde intentamos compensar carencias emocionales, inseguridad y una autoestima poco desarrollada.

4-A veces soy agresivo.

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Mantener el control en algunas ocasiones es todo un reto. Hay personas o situaciones que exacerban nuestro lado oscuro. Sin embargo, la lógica y el sentido común nos indican que es en esos momentos cuando más deberíamos ejercer autocontrol y no dejarnos arrastrar por emociones negativas.

Pero, si en nuestro historial de vida cargamos con varios episodios, en los que hemos perdido la compostura y terminamos agrediendo a otros de forma física o verbal, deberíamos buscar ayuda inmediatamente. Lo creamos o no, tenemos un problema de control de la ira.

Y aunque podamos adjuntar a cada episodio un expediente explicativo donde se expongan las justificaciones que nos llevaron al hecho, lo cierto es que absolutamente ninguna de esas justificaciones es válida.

Ninguna actitud justifica la violencia ni la agresión física y cuando eso sucede, jamás deberíamos defender ese comportamiento. La causa está en nosotros y es ahí donde hay que buscar la solución.

5-Me siento siempre mal.

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Es normal que nuestro carácter a veces sea influenciado por circunstancias estresantes o tristes que debamos afrontar. Nos sucede a todos con mayor o menor frecuencia. Pero si constantemente nos sentimos amargados, afligidos o desesperados deberíamos analizar esta situación con profundidad.

Tal vez estemos padeciendo los efectos de la depresión y/o la ansiedad. Y de ser así, lo más acertado es buscar inmediatamente ayuda profesional. Postergar ese hecho solo dilatará el problema y de la misma forma que buscamos ayuda especializada para cualquier dolencia física, jamás deberíamos dudar de hacerlo para un padecimiento mental.

Sin embargo, en muchas ocasiones la causa viene dada por un comportamiento continuado de pesimismo, desesperanza y congoja auto infligida. Esto nos convierte en personas negativas, que, por propia elección y casi siempre inconscientemente, han hecho un idilio con la tristeza.

Como es de esperarse, esa actitud agria, triste y taciturna no atrae fans. No nos extrañemos si las personas guardan distancia y prefieren no hacer planes con nosotros. Así que, sea cual sea la causa, es hora de tomar acción.

6-Siento que tengo que criticarlo todo.

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¿Alguna vez te ha sorprendido a ti mismo la forma en que atacas y criticas todas las ideas y sucesos a tu alrededor? A mí me ha sucedido. Y cuando fui consciente de ello me di cuenta, de que en realidad estaba atrapada en una espiral de negatividad de la que no sabía cómo salir. El tener un argumento en contra era un hábito constante y mi respuesta condicionada resultaba ser en todo momento las críticas.

Sin darme cuenta me había convertido en “la complicada” que siempre tenía algo que decir. Poder detectar en nosotros mismos ese rasgo negativo de la personalidad es el primer y más grande paso para comenzar a subsanarlo.

Cómo cambiar de una actitud tóxica a una sana y provechosa

Si en nuestra actitud se reflejan uno o varios de estos aspectos, tal vez deberíamos aceptar que hemos estado resultando tóxicos para las personas que nos rodean. Asumir esto no debería causarnos un sentimiento de derrota o fracaso, muy al contrario, debemos verlo como un hallazgo importante. Hemos detectado la causa del problema, ahora podemos enfrentarlo y vencerlo.

Para esto es muy importante que aprendamos a ser realistas, a mirarnos sin sentimentalismos ni autocompasión. Cada uno de estos aspectos negativos también nos puede enseñar una lección de vida. Y estas lecciones nos cambiarán el rumbo y la perspectiva diametralmente.

La verdad cruda que nunca te dijeron

En primer lugar, es importante que nos desprogramemos del rol de victimas indefensas o marionetas tiradas por los hilos del destino. Es una actitud destructiva. Como tú y como yo, hay millones de personas que han debido enfrentarse a horrores inimaginables.

Algunos aceptaron pasar su vida lamentándose de su condición de víctimas y otros se levantaron, se lamieron las heridas y decidieron convertirse en guerreros imparables. TU PUEDES ELEGIR A CUÁL BANDO PERTENECES, pero atento, si decides seguir siendo una víctima, no te quejes cuando los demás se alejen.

El segundo punto nos lleva a las personas que constantemente se sienten agredidas. Lección más importante: NO ERES EL CENTRO DEL MUNDO. Todo no se trata de ti, muchas veces esas personas que supuestamente hicieron o dijeron algo encaminado a ofenderte, ni siquiera están conscientes de tu existencia.

La gente tiene sus propios problemas, miedos e inseguridades. A veces las reacciones negativas son más un reflejo de lo que ven en ellos mismos que de lo que ven en ti. Céntrate más en cultivar tu mundo interior y deja de oír las voces que te distraen del objetivo de crecer como persona para convertirte en un mejor ser humano.

En tercer lugar, recuerda que solo eres responsable íntegramente de tu propia vida. Cuando tus hijos crecen y dejan de estar bajo tu protección y cuidado se convierten en adultos independientes capacitados para tomar sus propias decisiones. Eso quiere decir que ya NO TIENES NI LA OBLIGACIÓN NI EL DERECHO DE MANIPULAR SU VIDA Y SUS DECISIONES. Como tampoco lo tienes con respecto a ninguna de las personas que te rodean.

Aprender a respetar el derecho del otro a tomar sus propias decisiones, aunque no estemos de acuerdo con ellas, es un paso muy importante para sentar las bases de relaciones sanas y placenteras. Nuestro amor y preocupación nos llevará a ofrecer consejo y apoyo en todo momento, pero partiendo del hecho de que respetamos su derecho a decidir libremente.

Si luego de leer este articulo te das cuenta de que has tenido una actitud agresiva en muchas ocasiones, ya sea con miembros de tu propia familia o con conocidos o extraños, busca ayuda especializada inmediatamente.

Es importante que sepas que, NADA te otorga el derecho a actuar de forma violenta con nadie. TÚ TIENES EL PROBLEMA. Tú eres quien necesita cambiar. Y el momento de aceptarlo y comenzar a cambiar, es ahora.

En quinto lugar, si eres como una montaña rusa de emociones, pasas la mayor parte del tiempo triste, negativo y malhumorado, recuerda que la gente que te rodea muchas veces está lidiando con situaciones difíciles y estresantes, de carácter familiar, personal o de trabajo. A veces necesitan buscar razones para continuar y como todos nosotros, se sienten más motivados y a gusto cerca de personas positivas y alegres.

Así que no los juzgues si terminan alejándose de ti. Asume que tu actitud no ha sido precisamente un imán para atraer la compañía de los demás y CONCÉNTRATE EN BUSCAR LAS CAUSAS QUE PROVOCAN TUS EMOCIONES Y ARREGLAR EL PROBLEMA.

Y en último lugar, relájate. Nadie te ha nombrado guardián del buen gusto, las costumbres ni actitudes de la gente que te rodea. Respeta la diversidad de criterio y apreciación. Amplía tu visión de la realidad permitiendo que esta sea enriquecida con los argumentos de quienes te rodean.

Aprende a quedarte callado si lo que vas a decir no es productivo ni aportará nada útil. Y, sobre todo, CAMBIA TU MENTALIDAD Y TU ENFOQUE. Cultiva el don de hacer comentarios amables, respetuosos y enfocados a animar a los demás a luchar por sus proyectos y sueños.

Tener presente estos aspectos para mejorar nuestra vida puede marcar la diferencia de manera drástica. Melissa los usó para cambiar el enfoque de su vida. Aprendió a dejar de sentirse una víctima indefensa. A no tomarse como algo personal la aptitud de sus compañeros. A aceptar las decisiones de los demás sin sentir que era su obligación hacerlos cambiar de idea.

A tomarse con calma situaciones estresantes y guardar la compostura en todo momento. A lidiar con sus propias emociones buscando ayuda si era necesario y a ofrecer siempre palabras de aliento y ánimo en vez de críticas destructivas.

y si el toxico soy yo

Hoy Melissa disfruta de una vida feliz porque ha aprendido a identificar aquellos aspectos que la hacían actuar de manera destructiva.

Si llegaste aquí porque una y otra vez tu mente repetía la pregunta ¿y si el tóxico soy yo? ya sabes que es posible identificar los aspectos que te convierten en una persona con actitud tóxica y solucionarlos. Entonces, ¿Qué esperas para comenzar a hacerlo?

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