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EL JARDÍN DE LOS MANZANOS. UN CUENTO SOBRE CRECIMIENTO PERSONAL

Este es un cuento para todos. Muchísima gente olvida la inmensa responsabilidad que tiene de cultivarse personalmente. Culpa de sus fracasos a otros y esto lo mantiene estancado en un círculo vicioso del que no logran salir. Aceptar que es nuestra obligación y de nadie más, el encargarnos de atender el jardín de nuestra mente es vital para alcanzar el crecimiento personal. 

El jardín de los manzanos: Un cuento sobre cómo alcanzar el crecimiento personal

Había una vez un hombre que soñaba con tener un jardín. Para esto compró un terreno que le pareció ideal. Se había enamorado de la propiedad una tarde de abril mientras paseaba por los alrededores. La casa colindante tenía un hermoso jardín con exuberante vegetación, hermosas fuentes que mantenían el lugar húmedo y verde y una gran variedad de flores que atraían hermosas y coloridas mariposas.

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En el centro, como para darle un toque onírico, tres manzanos perfumaban el aire con sus flores y brillantes frutos. El hombre estaba extasiado con aquel jardín, inmediatamente fue a ver al dueño y le ofreció mucho dinero.

-Te compro tu jardín, pídeme lo que quieras y te lo daré- le dijo el hombre. Sin embargo, para el dueño no había riqueza alguna capaz de comprar su jardín. Era su bien más preciado, había trabajado toda su vida para conseguirlo y se sentía orgulloso de él. Pero le mostró la propiedad colindante. El terreno es fértil –le dijo- tiene importantes afluentes de agua y con un poco de esfuerzo lograrás un sitio tan maravilloso como el mío.

Así que el hombre no se lo pensó dos veces, pagó el valor de la tierra e inmediatamente se mudó allí.  Estaba realmente emocionado y muy pronto comenzó a soñar con conseguir un jardín mucho más majestuoso que el de su vecino.

Entonces comenzó a trabajar, sacó los escombros que estaban junto a la verja, limpió la tierra de malas hierbas y abonó el terreno. Luego compró semillas de plantas como las de su vecino y comenzó a sembrar. Una semana después de emprender la faena había terminado. Estaba cansado pero muy feliz. Ya se imaginaba dando envidia a su vecino cuando su jardín resultara ser más esplendoroso y magnifico que el de aquel.

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Al otro día en la mañana se levantó bien temprano. Estaba ansioso por salir a ver cómo progresaba su trabajo, así que se sintió un poco decepcionado al ver que la tierra había amanecido desnuda, exactamente como estaba el día antes. Es un proceso lento -le explicaron- es necesario tener paciencia. Así que cada día en la mañana abría la puerta expectante, con la esperanza de encontrar signos de lo que sería su hermoso vergel.

Pero cuando pasaron los días sin conseguir algo más que unos minúsculos brotes verdes, a los que solo era posible ver si se acercaba mucho a la tierra comenzó a sentirse muy decepcionado. Era desconcertante la espera. Mejor hacía algo interesante, como viajar, por ejemplo.

Así que hizo las maletas y se fue al otro lado del mundo en busca de aventuras maravillosas. Mientras, su jardín prosperaría, convirtiéndose en un majestuoso y exuberante jardín.

Sin embargo, su viaje se extendió un poco más de lo planeado. Lo estaba pasando tan bien que olvidó su jardín. Tardó tres meses en regresar y cuando lo hizo quedó completamente estupefacto.

Del maravilloso oasis que pretendía encontrar a su regreso no había nada. De aquellos pequeños brotes verdes que había dejado a su partida solo quedaba unos matojos secos a los que las malas hierbas habían asfixiado. El panorama era desolador y sin poderse contener se sentó a llorar sobre una piedra.

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-Las plantas necesitan cuidado -le dijo su vecino-. Hay que regarlas y limpiar el terreno de malas hierbas.

Pero, aunque en sus palabras solo había buenas intenciones, al hombre le pareció entrever que detrás de su amabilidad se escondía el deseo oculto de presenciar su ruina. A pesar de ese presentimiento, se propuso enérgicamente intentarlo hasta conseguir el ansiado jardín. Volvió a limpiar la tierra, a sembrar las semillas y a esperar.

Los primeros días regaba con esmero cada pequeña plantita, vigilaba cualquier intento de las malas hierbas por fructificar y esperaba ansioso tener esta vez mejores resultados. Además, comenzó a espiar a su vecino por si este se proponía dañar su propósito.

Veía cómo pasaba mucho tiempo ocupado en la atención de las plantas. Siempre estaba podando, removiendo cada mala hierba que descubría, y añadiendo nuevas plantas para dar un toque de color por acá o una fragancia por allá.

No obstante, no se dejó engañar. Esto seguramente era un simulacro para desviar su atención y luego en la noche cuando él se fuera a dormir vendría a envenenar su tierra con algún producto tóxico, o diseminaría semillas de malas hierbas por todo el lugar.

Así que comenzó a vigilar por las noches también. Nadie lograría engañarlo, era demasiado listo para eso. Pero en la mañana, cuando debía cuidar de su jardín estaba demasiado cansado. Regó solamente las plantas que más cerca le quedaban y arrancó una ortiga que se había a atrevido a crecer casi en sus propias narices.

Así pasaron los días, las semanas, los meses. Cada vez estaba más obsesionado en vigilar a su vecino. Lo culpaba por el poco éxito que obtenía en su empeño. Le dedicaba cada vez menos tiempo a cuidar de sus plantas y más a acusar y maldecir a su vecino. Mientras, se abrían paso ferozmente cardos, ortigas y abrojos. Las malas hierbas crecían sin control y se apoderaban de todo.

La amargura lo corroía por dentro, el jardín del frente estaba cada vez más hermoso mientras el suyo no era más que un yermo desolado, un lugar infernal que provocaba angustia y desazón. Pero su obsesión aumentaba a cada momento. Estaba seguro que la culpa de toda su desgracia era de su vecino y entonces se juró a si mismo que si él no disfrutaba de un hermoso jardín nadie más lo haría.

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Así que hizo todo lo que pudo por arruinarlo. Pasaba los días recolectando orugas por el campo y en la noche las dejaba sobre las hermosas plantas del jardín de los manzanos. Sin embargo, con diligencia y más esfuerzo que el acostumbrado en pocos días la plaga se contenía.  Así fue con las semillas de ortiga que lanzó por los aires para que se diseminaran por doquier. Y cuando destruyó la verja para que las cabras del vecino entraran y comieran a su gusto lo que les apeteciera. En cada una de las veces, el vecino del hermoso jardín conseguía que el problema fuera resuelto y con más ahínco que nunca seguía cuidando su parcela.

Con el tiempo, de aquel hombre que quería tener un jardín solo quedaba un vetusto anciano carcomido por la ira y el odio. Nadie le daba crédito al demente que gritaba a los cuatro vientos su desgracia al adquirir un terreno infértil y con un vecino malintencionado. La gente que pasaba evitaba mirar la desagradable escena e inmediatamente se quedaban extasiados cuando al girar la vista se encontraban con el jardín de los manzanos.

Muchos años después, otro hombre adquirió la propiedad. Al principio no sabía cómo proceder, por eso tardó un poco en lograr algunos avances. Se dio cuenta que necesitaba el consejo de alguien experimentado, así que él y el vecino del jardín de los manzanos se hicieron grandes amigos.

Con diligencia, empeño, buenos consejos y la ayuda de amigos a los que también le encantaba la jardinería, aquel terreno devastado y cubierto de espinos y escombros, muy pronto empezó a cambiar su apariencia. En poco tiempo se hizo notable el cambio. Y muchos años después, hasta el propio dueño del jardín de los manzanos elogiaba la magnificencia y exótica belleza de aquel majestuoso lugar.

Cómo tener una personalidad atractiva. La clave para cultivar la mente y lograr verdadero crecimiento personal

Tener una personalidad atractiva y seductora es como poseer un hermoso jardín de manzanos. Las personas se van a sentir atraídos como por un magnetismo poderoso. Nadie se siente a gusto en un lugar sucio y abandonado, como tampoco nos atraen las personas irascibles, egoístas, envidiosas o malhumoradas. Íntimamente todos anhelamos causar en los demás buen efecto. Rodearnos de personas a los que les agrada nuestra compañía.

Sin embargo, aunque pareciera que para algunas personas tener una personalidad atractiva es algo que se le da natural, no olvidemos que detrás de cada “jardín de manzanos” hay mucho trabajo concienzudo.

Los seres humanos tenemos diferentes expectativas sobre lo que consideramos éxito personal y sobre cómo nos imaginamos en el futuro. Cuando se es joven, suele tenerse una percepción de poder, que nos hace creer en una versión futura exitosa (tal vez un poco exagerada) de nosotros mismos. Todos esperamos lo máximo de la vida y pensamos que como por arte de magia llegará.

No obstante, el día a día nos hace aterrizar en la realidad. Nada llega por arte de magia. Es necesario mucho esfuerzo y dedicación para alcanzar el éxito y la satisfacción personal. Sin embargo, el mayor logro del que podemos enorgullecernos los seres humanos es el de haber conseguido crecer emocionalmente. No hay triunfo verdadero si nuestra única riqueza es material.

El recurso más grande que podemos atesorar es nuestra espiritualidad y lo que hayamos logrado en el camino hacia convertirnos en mejores seres humanos. Ese camino no acaba mientras estemos vivos, porque siempre podremos avanzar un poco más en nuestro crecimiento personal.

Cómo cultivar exitosamente nuestra mente

Para entender mejor cómo funciona y lograr verdadero éxito y crecimiento personal, tenemos que visualizar nuestra mente como una parcela de tierra. A todos nos entregan una y al nacer esta porción de tierra está completamente virgen.

Antes de que tengamos control de la situación, es posible que en nuestro terreno comiencen a germinar algunas plantas. La influencia familiar, social y cultural forma patrones que se manifestarán de una forma u otra.

En ocasiones esta influencia ha dado como resultado un pequeño jardín en ciernes, cuyo potencial es fácil prever. Pero muchas otras veces nos encontramos ante un espectáculo verdaderamente desolador.

Si nuestra parcela de tierra no es lo que hubiéramos deseado, si lejos de tener amigos y familia que nos aman y se sienten a gusto y armonía junto a nosotros tenemos relaciones tensas, tempestuosas, fracasos amorosos y una vida interna vacía, es hora de hacer algo al respecto.

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Creer erróneamente que “somos así” y no podemos hacer nada para cambiar, es la base de un contundente fracaso. Es cierto que a algunas personas les puede ser más difícil que a otras, pero, así como todas las parcelas de tierra son cultivables en mayor o menor medida, nuestra mente es capaz de producir aquello que le sembramos.

Tal vez nos demos cuenta en un momento dado de nuestra vida de que nunca nos hemos preocupado por nuestra parcela de tierra y han crecido libremente a su antojo todo tipo de malas hierbas. Si estás leyendo este artículo es posible que estés en ese momento de tu vida.

El primer paso para conseguir tu propio jardín de manzanos y alcanzar crecimiento personal y una personalidad atractiva y carismática es ser consciente de la responsabilidad que tienes de cultivar tu mente.

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Cultivar la mente y el espíritu para alcanzar la felicidad es una tarea ardua y concienzuda. Es necesario mucho más que proponérselo. Pero si ahora mismo te lo estas proponiendo estás dando el primer paso para alcanzar el crecimiento personal que te llevará a poseer una personalidad seductora.

Seamos conscientes o no, todos somos los jardineros de nuestra mente. Y como en el caso de los hombres de nuestro cuento, podemos ser hacendosos y perseverantes como el dueño del hermoso jardín de los manzanos o inconstantes, descuidados y resentidos como el vecino que nunca consiguió el éxito.

¿Por qué no es sano culpar a otras personas o circunstancias externas de nuestros problemas?

Justificarnos es una tendencia natural de los seres humanos. Desde pequeños aprendemos a hacerlo con nuestros padres para evitar regaños y castigos. Aunque en cierta medida es aconsejable no ser excesivamente autocríticos ni cargar con el peso de la culpa que nos imponemos en ocasiones, tampoco deberíamos caer en el error de justificar nuestras circunstancias personales y problemas culpando a factores externos sean estos los que sean.

Visualizarnos como victimas indefensas cautivas de un pasado que no pudimos controlar es la actitud más autodestructiva que pudiéramos asumir. Sea cual sea el origen de nuestros problemas no tiene obligatoriamente que determinar nuestro futuro. Y pensar así solo nos coloca en la posición de marionetas guiadas por los hilos que mueve la vida.

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No importa cuán triste o difícil fue nuestra infancia ni cuánto daño pudieron hacernos, no importa si somos pobres o si no pudimos ir a la universidad… no lo usemos jamás como una justificación, porque no lo es. Imaginemos tan solo que acabamos de visitar nuestra parcela por primera vez y descubrimos que no está en las mejores condiciones. Como la tuvimos descuidada ha proliferado sin control la maleza, plantas parasitas, espinosas, que no aportan nada útil y convierten nuestro terreno en un lugar desagradable a la vista.

Pero ahora que somos conscientes de ser los únicos responsables de nuestra vida y nuestro crecimiento personal es hora de tomar el control. Si “las malas hierbas” han colonizado nuestra mente durante mucho tiempo, es posible que no sea tan fácil eliminarlas. Si notamos patrones negativos y autodestructivos en nuestra vida, si estamos lejos de sentir satisfacción personal y felicidad y nuestra propia vida y relaciones dejan mucho que desear, es hora de poner manos a la obra.

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Como en una parcela de tierra, lo primero que tenemos que hacer es limpiar. Para esto tenemos que identificar todo lo que podríamos considerar “malas hierbas” y eliminarlo.

Tal vez algunas estén tan arraigadas que necesitemos ayuda. Entonces, tal vez sea el momento de repasar quienes son nuestros amigos, y si le pedimos ayuda para convertir nuestra parcela en un hermoso jardín, que tipo de aporte serían capaces de dar.

Elijamos inteligentemente a las personas que tendrán efecto en nuestra vida

Una gran parte de nuestros pensamientos, sean positivos o negativos son el resultado del día a día. Las personas con las que compartimos nuestra vida y con las que pasamos los ratos de ocio o solemos conversar, a menudo terminan contagiándonos de su manera de pensar y su actitud ante la vida.

Recuerda que en nuestra mente va a crecer lo que sembremos. Y si no sembramos nada, simplemente estamos dejando la puerta abierta para que las amistades, los compañeros del trabajo o la familia diseminen sus semillas libremente.

No se trata de sacar de nuestra vida a quien no nos aporte buena vibra y energía positiva. A veces esa persona puede ser un familiar que, en todo caso, lo que necesita es ayuda para cultivar su propio jardín. Pero dejarnos influenciar por su actitud negativa no es sano ni para nosotros ni para esa persona.

Tal vez lo más adecuado sería alejarnos emocionalmente por un tiempo en el que fortalecemos nuestras potencialidades hasta que seamos capaces de trasmitirle a esa persona la actitud positiva que necesita para aprender a pensar diferente y alcanzar su propio crecimiento personal.

Pero no basta solo con alejar todo lo que resulte en una influencia negativa para nuestra forma de pensar, sino de ser aplicado a la hora cultivar la mente con todo lo que pueda llegar a formar parte de nuestro exuberante jardín espiritual.

Si sabemos mirar bien, nos daremos cuenta que, según sea lo que nos propongamos encontrar en nuestro entorno, obtendremos una avalancha. Es posible que hasta ahora nuestra vida se haya encausado por un sendero de negatividad, tristeza, fatalismo y, nuestro círculo de amistades, cómo la información con la que alimentábamos nuestra mente, reforzaba esta tendencia.

Entonces se nos daba bien estar al tanto de todas las noticias desalentadoras, las teorías conspirativas en las que nuestro destino está marcado por la fatalidad, los melodramas televisivos, los amigos que solo hablan de enfermedades y problemas, etc., etc… y la lista sería interminable.

Pero si nos proponemos cambiar radicalmente y ocuparnos activamente de nuestro crecimiento personal y espiritual, tal vez sea hora de sembrar otro tipo de semillas en nuestro jardín. Si aprendemos a observar, veremos que también podremos obtener una avalancha de influencia positiva.

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Desde personas alegres, motivadas, exitosas y tenaces con las que comenzar a relacionarnos, libros y blogs de autoayuda, motivación y crecimiento personal, frases motivadoras, películas divertidas, música… y de nuevo la lista seria interminable. Tomar la decisión de elegir lo que sembraremos en nuestra mente marcará definitivamente un antes y un después.

Como en la tierra, se necesitará constancia. No es posible lograr un hermoso vergel de la noche a la mañana, como tampoco serán visibles inmediatamente los cambios en nuestra personalidad. Pero si continuamos sin cansarnos y poco a poco nos vamos llenando de sentimientos nobles, energía positiva y motivación adecuada muy pronto se irá haciendo notable la belleza de nuestro huerto.

Y quizás algún día nuestro jardín de manzanos sea tan exuberante y hermoso que todos lo admiren. Y estaremos tan felices de haber trabajado tanto en él y será tan preciado para nosotros, que ayudaremos a otros a conseguir su propio jardín de crecimiento personal, mientras les permitimos desinteresadamente disfrutar del nuestro.

 

 

 

 

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