tan simple como la vida

Soy Amalia Flores

Escritora a contracorriente y amiga incondicional. Dispuesta a escuchar siempre. Soñadora empedernida por necesidad y placer y náufraga de innumerables tormentas. Siempre guerrera, nunca más víctima.

¿Quieres saber más sobre mí?

 

Me llamo Amalia Flores. Escribir, escuchar lo que otros piensan y ayudar a los demás le ha dado sentido a mi vida. No soy psicóloga, psiquiatra, guía espiritual ni psicoterapeuta, de hecho, ni siquiera terminé la escuela secundaria. 

Soy simplemente alguien que ha vivido mucho y de las formas más dolorosas. Alguien que sabe lo que es el maltrato físico y psicológico, la humillación, la indefensión emocional, la depresión y la tristeza.

Soy sobreviviente a una secta coercitiva y controladora como lo es la de Los testigos de Jehová y en la cual nací. A una familia disfuncional, en donde el carácter violento y tempestuoso de mi padre, que sufría de trastornos mentales, no encontraba barreras ante la sumisión y el temor de mi madre que era apenas una niña indefensa.

He sobrevivido además a mí misma, que, cual marioneta tirada por los hilos de la vida azarosa que me tocó vivir, tomé decisiones que solo me arrastraron más abajo. 

Así que, si buscas el consejo de un profesional, este no es el sitio adecuado. Pero si quieres escuchar a una amiga, a alguien que entiende por lo que estás pasando, porque lo sintió en carne propia, que pudo levantarse desde lo más profundo y aprender poco a poco a convertir los reveses en victorias, has llegado al lugar correcto, porque seré tu compañera en el camino. 

Juntos transitaremos el sendero hacia nosotros mismos, vamos a crecer como seres humanos y a cambiar la actitud de víctimas indefensas, por la de guerreros invencibles. 

Aprenderemos que la vida es mucho más simple de lo que creíamos, que sonreír es un recurso invaluable, que invadirnos de sentimientos positivos tiene un efecto maravilloso en nuestra actitud y que la fe es el centro de todos los grandes logros a los que aspiramos. 

No tienes excusas, porque si yo pude lograrlo, sin duda alguna TÚ PUEDES.  Soy Amalia Flores Blog de autoayuda, superación personal y motivación

 

Juntos caminamos

Cuando algunos de mis amigos me han preguntado a qué escuela asistí o qué carrera universitaria hice, se sorprenden muchísimo de que ni siquiera haya terminado la escuela secundaria. 

Años atrás me hubiera avergonzado confesar esa parte tan triste de mi vida, pero al día de hoy, hay muy pocas cosas que pudieran hacerme bajar la cabeza.

Las razones son tan variadas como sórdidas y podría describirlas como una nefasta combinación entre la ignorancia y el fanatismo religioso de mi padre. Según él, estaba tomando una sabia decisión qué, como padre, tenía la obligación de tomar. De esta forma podría mantenernos a mí y a mi hermana, alejadas de la “influencia pecaminosa del mundo”.

Para alguien con una insaciable sed de aprender como yo, creo que ese fue el golpe más bajo que pudo darme la vida, aunque no el único. No obstante, como no suelo regodearme en las derrotas, sino buscar incansablemente estrategias para crecerme, he ido absorbiendo cual esponja, toda la savia de la vida que me rodea, la sabiduría popular, un poco de aquí y otro de allá. 

Me gusta ahondar para descubrir las verdaderas intenciones tras cualquier hecho, concentrarme en lo bueno de la vida y de las personas, por pequeño que este sea y he aprendido que la vida es muy corta para tomársela tan en serio. B

Entre otras cosas esa “filosofía de vida” me ha ayudado a sobrevivir, a crear un ambiente sosegado y feliz en mi entorno familiar y social y a tener una visión del mundo mucho más esperanzadora que la mayoría de las personas que me rodea. 

Al final, todos transitamos por el mismo camino y nos dirigimos a un mismo destino, lo que hace la diferencia es a donde miramos mientras avanzamos. 

Si miras atrás, tal vez no te des cuenta de los obstáculos que pueden estar frente a ti, hasta que tropieces y sea demasiado tarde. Si miras al suelo, solo verás el barro que enloda tus zapatos y que te entorpece el andar.

Pero si miras al cielo y ves las estrellas brillar, o al frente, donde en la lejanía puede verse un oasis de esperanza, seguro que no pensaremos en otra cosa que no sea avanzar, siempre adelante, con la mirada arriba o allá en el lejano horizonte. 

La vida al final es solo eso, una elección que hacemos, o nos concentramos en las flores o en las espinas. Todos al final tenemos un poco de cada una, algunos, más espinas que otros, pero es de ellos de quienes se espera más valentía. Y la satisfacción por el logro personal, de seguro será inmensamente más grande.

Mi peregrinación

la ley de la atracción

Como he explicado en el capítulo “Dios y yo…nos estamos dando un tiempo” de mi libro Cenizas, mi situación espiritual, está un poco confusa o ambigua en estos momentos. Para ejemplificarlo podría decir, que me siento como una persona, que después de diagnosticarle una enfermedad incurable, se fue en peregrinación a buscar un templo en lo más alto de una montaña, porque según escuchó, ahí hallaría la cura de todos sus males.

Pero al llegar, luego de una peligrosa y larga travesía, de repente se encuentra ante las atractivas y seductoras ofertas de miles de agradables ancianitos. Todos se esfuerzan, a cuál más, por atraerla a su mesa y hacerle probar sus pociones mágicas, con promesas de vida, salud y prosperidad, si solo lo eligen a él en lugar de a sus compañeros.

Mucha gente elegiría al que más cerca le queda, otros, tal vez intentarían mirarles a los ojos a cada uno de los ancianitos, en busca de la mirada más sincera, mientras que no faltará quien se acerque al de la vestimenta más lujosa o al que lleva en su turbante una piedra preciosa. Algunos incluso, saltarán de una mesa a otra, por aquello de que, no sea porque no lo intentaron.

Mientras que yo, ante la perplejidad y el desconcierto que me provoca la situación, prefiero dar media vuelta, y vagar por los bosques cercanos, para prepararme yo misma y según mi propia intuición y experiencia, una poción de hierbas para aliviar mi mal.

Eso no quiere decir, que no crea que alguno de los ancianitos podría tener una solución genuina, solo que yo, ante mi incapacidad para descubrirlo, prefiero apartarme antes que decidir desperdiciar toda mi vida, en busca de una mítica panacea. 

Admiro a quienes creen haber encontrado su cáliz de esperanza, o a los que aún continúan buscándola con ahínco. Mientras que yo, sabiendo que mi mayor tesoro es la fe, la alimento día a día, la protejo de las corrientes de aire y no permito que muera…jamás. 

El libro de mi vida

Escribir la historia de mi vida, ha sido, más que nada, un proceso para reencontrarme con mi pasado y ponerle rostro al monstruo que me acecha desde que tengo memoria. Cenizas ha resultado ser, definitivamente, mi mejor terapia y espero que también sea de ayuda a muchas personas qué, como yo, se han visto atrapadas por diversas situaciones de la vida.

No escogemos el lugar, la familia ni las circunstancias en las que venimos al mundo y este hecho definitivamente puede marcar la diferencia. Hay miles de formas en las que una persona puede encontrarse atrapada emocionalmente. Los factores más comunes son la violencia de género, a veces de formas sutiles y enmascaradas, la presión que ejerce la religión a mayor o menor grado y la familia.

En mi caso convergieron todos los factores.  Un padre con desórdenes mentales, abusivo, violento, narcisista, con una necesidad absurda de atención y reconocimiento desmedido. Una madre ingenua, débil, sumisa, casi una niña cuando me trajo al mundo. Ambos hallaron, sin embargo, en la secta de los Testigos de Jehová el incentivo que necesitaban para encontrarle cada uno, desde sus perspectivas, sentido a su vida.

Para ella, resultaba ser un refugio de amor y compañerismo que, dada la familia de la que provenía y la que luego había formado con su matrimonio, era con mucho lo mejor que podía sucederle. Para él, resultaba ser el escenario perfecto para llevar a cabo todos sus delirios, amparado por una comunidad que compartía sus creencias.

La firmeza con la que la biblia delimita los roles de la mujer y los hijos en la familia, resultaba en extremo conveniente para él. No importaba cuanto esfuerzo hiciéramos mi hermana Kira y yo por no desagradarle, el siempre encontraría razones para descargar en nosotras, con rabia desmedida, toda su ira.

 Nunca estuve de acuerdo con el mandato que da la biblia a las mujeres de ser sumisas a sus esposos. Me parece cuando menos, denigrante. Sobre todo, porque esa palabra me hace recordar a mi padre, con el rostro descompuesto, atacando violentamente a mi madre y exigiéndole una sumisión desmedida más allá de, la que ya ella por su carácter débil, le entregaba.

Kira y yo entramos entonces en la categoría de desobedientes y rebeldes. La biblia le daba carta blanca para corregir nuestra errada actitud y el hacía uso y abuso de esa atribución. Los demás miembros de la congregación no se inmutaban y más allá de compadecerse de nuestra madre y nosotras, nadie hizo nada.

Ese fue solo el comienzo de todos los avatares y desaciertos que han constituido mi desventurada vida. Cuando a día de hoy rememoro mi vida, veo una larguísima cadena de historias dolorosas. Sin embargo, lejos de lamentarlo, pienso que cada uno de esos tropiezos fue necesario para llegar a ser quien soy.

Aprendí a convertir esos reveses en importantes lecciones, de las que siempre he adquirido un valioso significado. He logrado transformar ese sufrimiento en fuerza y coraje para enfrentarme a la vida. He usado mi propio dolor para conseguir entender a los demás y no juzgarlos a priori por sus actos o apariencias.

Pero, sobre todo, he aprendido a amar y valorar la vida, porque pase lo que pase, la vida es maravillosa.


Si quieres conocer la historia completa, no dejes de leer mi novela autobiográfica Cenizas, la historia de mi vida

Te ayudo a enfocarte en tu crecimiento personal

En la unión está la fuerza

Y por supuesto, nada de esto pudiera haber sido posible sin trabajo de equipo. Gracias a mi socio y colaborador José Gómez Marcano, este maravilloso sueño se ha hecho realidad. Sin su ardua labor concienzuda y largas horas de insomnio (para hacer que todo funcione “como debe ser”), estaría atónita y rompiéndome la cabeza ante tantos tecnicismos. Gracias infinitas, porque, además, es muy fácil trabajar con él. Está siempre dispuesto a escuchar todas mis ideas (por absurdas que sean) y hacerlas posibles. ¡El camino acaba de empezar, pero el horizonte es muy prometedor!¡¡Gracias por estar compañero!! 

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