¿Qué es la dependencia emocional? 4 consejos para romper el patrón víctima-salvador

Alicia estaba destrozada. Armando se había ido aquella mañana, sin importarle sus suplicas desesperadas, ni las lágrimas que derramó mientras le recordaba que él era el centro de su vida y que estaría completamente perdida si se marchaba. De nuevo al hoyo de angustia y desesperación. De nuevo la soledad, el tormento, la espera…

Ya no creería en el amor. No podía confiar en los hombres pues la vida le había demostrado que no valía la pena. Todos son iguales, se repetía mientras recordaba cómo se habían alejado cada una de sus parejas después de haber prometido que jamás la dejarían.  Estaba cansada de que jugaran con ella, de que, después de hacerle vislumbrar un rayo de luz la dejaran caer nuevamente.

Muchas mujeres y no menos hombres se sentirán identificados con la historia de Alicia. Yo misma fui Alicia en muchas ocasiones. Prisionera de la dependencia emocional que te envuelve. Y es lógico que nos hagamos preguntas como: ¿Por qué me sucede siempre esto? ¿Qué he hecho mal? ¿En qué fallé?

Analizarnos profundamente puede revelar algunos aspectos de nuestra personalidad que delaten por donde va la raíz del problema. Todo es cuestión de actitud y si las cosas van mal deberíamos preguntarnos: ¿qué actitud estoy demostrando ante la vida?

El síndrome de la princesa que espera a su salvador

Muchas personas se sienten como la protagonista de esos cuentos infantiles que todos conocemos. Prisionera en una oscura torre, cuya llave está custodiada por un terrible dragón que nos devoraría si intentáramos escapar.

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Por eso hemos dejado de luchar y permanecemos resignada a nuestra suerte, en espera de que aparezca por fin el príncipe salvador. Este valiente caballero vencerá al dragón y en la grupa de su corcel nos conducirá al castillo, donde viviremos felices para siempre.

La idea de que alguien nos tiene que rescatar de nuestra soledad y sufrimiento para entonces comenzar a ser feliz es común. Esto ocurre tanto a mujeres como a hombres, aunque es probable que sea más notorio entre las féminas.

Creemos que estamos incompletos o vacíos, que necesitamos de alguien que nos rescate emocionalmente y entonces comenzaremos a ser feliz. Es probable entonces que, cuando encontremos a esa persona que encaja en nuestro perfil de “príncipe salvador”, nuestro mundo se llene de colores y esperanza.

Pero, luego de un tiempo, cuando este príncipe se cansa de jugar al valiente caballero que nos ha rescatado, nos lleva de regreso a la torre oscura y lanza la llave al abismo. 

Qué es la dependencia emocional y cómo identificarla

La mayoría de nosotros nos hemos sentido en algún momento atrapados en una oscura torre, de la que creemos que solo podrá liberarnos un valiente caballero (o una valiente princesa).

Conozco muy bien ese sentimiento. Me acompañó durante gran parte de mi vida. Me sentía indefensa, vulnerable e incompleta y creía firmemente que todos mis problemas se solucionarían cuando llegara a mi vida esa persona maravillosa que me hiciera sentir amada, valiosa e importante. Alguien que me diera su apoyo y su amor incondicional para siempre.

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Todo un cliché, lo reconozco. Lamentablemente son demasiadas las personas que, aun sin reconocerlo, se mantienen atrapadas en esa situación de dependencia emocional. Viven esperando a su salvador y luego cuando este personaje, en el que pusieron todas sus esperanzas de supervivencia emocional “los decepciona”, caen en el hoyo de la desesperación.

Muchos desisten de encontrar el amor, ser felices y todo lo que consideran que debería venir asociado al rescate psicológico de su valiente caballero. Otros quedan a la espera, en su torre oscura, a que aparezca el próximo salvador.

Desdichadamente, el ciclo de dicha y profunda decepción parece convertirse en un círculo vicioso en el que quedamos atrapados. Y cuanto más anhelemos la añorada felicidad, más parece escabullírsenos de las manos.

Es obvio que algo tenemos que hacer para cambiar drásticamente esa situación. Es probable que en el fondo te hayas culpado siempre por los fracasos. Tal vez creas que no te has entregado lo suficiente, que deberías esforzarte más por complacer a tu pareja y hacerla más feliz o que no eres atractivo para nadie.

A lo mejor estás pensando mil maneras para conseguir ser más “ideal” para tu pareja. Pero atento que por ahí no va la cosa. Aunque el estar en pareja implica ciertos comportamientos, en aras de propiciar un ambiente agradable y feliz en el que reine la comunicación y el apoyo mutuo, no debería ser nunca un estado en el que agradar al otro se vuelva el centro de nuestra vida.

Y cuando esto sucede, cuando creemos que nuestra vida entera y felicidad depende de nuestra pareja, estamos demostrando una conducta de dependencia emocional. Creemos que solos no podremos lograrlo y caemos una y otra vez en un estado de indefensión y dependencia emocional.

¿Por qué es la dependencia emocional tan nociva para nuestra vida?

La dependencia emocional es una forma de demostrar una mentalidad victimista. Nos declaramos inconscientemente incompletos y asumimos por lo tanto la posición de indefensos. Esta actitud nos vuelve vulnerables. Vivimos a la espera de alguien que nos rescate de nuestra soledad y por lo tanto atraeremos a nuestra vida a personas que suelen actuar como salvadores.

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Esto, en principio, parece buena idea. Alguien que necesita ser salvado encuentra a alguien que es feliz salvando al otro. Sin embargo, estos patrones de relación suelen ser poco saludables.

Cuando depositamos toda nuestra posibilidad de ser feliz en otra persona, estamos eludiendo la responsabilidad que tenemos de cultivarnos, crecer personalmente, hacernos cargo de nuestras emociones y aprender a lidiar con ellas. Estamos asumiendo una posición victimista en la que nuestra felicidad o sufrimiento depende siempre de las acciones del otro.

Por otra parte, los que se sienten a gusto “salvando” a otros, suelen ser personas empáticas que pueden ponerse en la posición del otro y entender todo su dolor y sufrimiento. Estas personas son complacientes porque necesitan la aprobación de los demás.

Pero, aunque al comienzo de la relación todo parezca ir de maravillosas, ya que las dos personas se sienten a gusto en su rol, el peso que implica ser responsable por las emociones de otra persona es demasiado fuerte para soportarse.

Nadie tiene el poder para controlar cómo se sienten los demás. Ni siquiera el valiente caballero que ha venido a rescatarnos, aunque se lo crea. Y luego de un tiempo la dinámica de la relación comenzará a cambiar.

Y es que, la mentalidad de princesa indefensa no cambia por ir a vivir al castillo. El problema seguirá ahí. Porque luego nos daremos cuenta que el príncipe no nos da nuestro verdadero lugar delante de los súbditos o de otras princesas. Que no nos dedica suficiente tiempo porque prefiere ir a cazar con los caballeros del reino o que ya no nos recuerda que somos la princesa más hermosa que jamás conoció en su vida.

superar el victimismo

Y luego de un tiempo de profundo sufrimiento, en el que hemos ido percibiendo aterradas cómo perdemos cada día su amor y que nada de lo que hacemos por recuperarlo funciona, el príncipe hastiado, nos abandona a nuestra suerte.

Vencer la dependencia emocional

Esta forma de complementarse es insana. Cualquiera de las dos posiciones genera resultados tóxicos porque no está basado en autonomía emocional. Cuando nuestra felicidad se supedita a otra persona es inevitable el dolor. La dependencia emocional es el mayor detonante de insatisfacciones y demuestra (y retroalimenta) la pérdida de autoestima.

Al no desarrollar madurez emocional, las relaciones que se derivan de la dinámica víctima-salvador son superficiales e insatisfactorias, porque ambos evitan crear un fuerte sentido de individualidad. Es posible que la persona que viene “al rescate” lo haga genuinamente, creyendo realmente que nos hará feliz. De esta manera ellos recibirán el respeto y la admiración que tanto necesitan.

Sin embargo, como nadie puede hacerse cargo de las emociones de otra persona y tampoco tiene la llave de la felicidad del otro, terminará fallando en sus expectativas. Esto desembocará en reclamos en el que se culparán mutuamente, afectando aun más la autoestima de ambos. Y mientras continúen buscando su valor propio a través de la otra persona, su dependencia emocional irá en aumento.

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4 pasos para romper el patrón de princesa y caballero salvador

Para disfrutar de relaciones más saludables, es importante aprender a identificar y eliminar la dependencia emocional. Esta actitud demuestra cuanto la persona se infravalora. A veces, es el resultado de haber sido víctima de violencia de género o provenir de una familia disfuncional en donde el maltrato físico y psicológico es común.

Estos 4 pasos o procesos internos, nos ayudarán a poner en practica actitudes saludables, para disfrutar de relaciones de pareja o interpersonales sanas.

1-Reconocer y eliminar la dependencia emocional y afectiva

La persona con dependencia emocional casi siempre lo demuestra más allá de las relaciones de pareja. Abarca casi todas las facetas de su vida. Se suele evidenciar en la forma que se relaciona con su familia, amistades o compañeros de trabajo.

Esta situación puede extenderse a cualquier ámbito y por lo general tardamos muchos años en darnos cuenta que estamos teniendo un verdadero problema. Perdemos autosuficiencia emocional al punto de no pensar ni actuar por nosotros mismos.

Ser conscientes de nuestra dependencia emocional será sin duda alguna el primer paso para eliminar este patrón de conducta tan perjudicial. Para determinarlo podemos analizar algunas cuestiones. Si nos identificamos con varias de ellas debemos comenzar a dar un paso efectivo para tomar el control de nuestra vida.

  • Nuestra felicidad depende de una sola persona. No disfrutamos de nada más que no sea estar con el ser que amamos.
  • Nuestro estado de ánimo depende siempre de cómo nos tratan los demás.
  • Anteponemos siempre los deseos de los demás a los nuestros.
  • Evitamos exponer nuestros criterios y opiniones para evadir discusiones o enfrentamientos
  • Nos aterra pensar que pudiéramos perder al objeto de nuestro amor
  • Permitimos que nos chantajeen emocionalmente
  • Preferimos sufrir por el daño que nos causa nuestra pareja que abandonarla
  • Nos sentimos culpables todo el tiempo por la insatisfacción o molestia de nuestra pareja
  • Necesitamos controlar a la otra persona para estar seguros de que no la perderemos
  • Preferiríamos apartarnos de todo y de todos para estar solo con nuestro bien amado
  • En vez de producirnos alegría y felicidad la relación genera ansiedad, queremos cada día más y tememos que nos abandonen, lo cual sería imposible de soportar

Si nos vemos reflejados en varios de estos rasgos negativos, es hora de tomar las riendas del asunto.

2- Tomar conciencia de los efectos negativos que ha tenido en nuestra vida la actitud de dependencia emocional

Si ya hemos reconocido que realmente existe un problema y estamos convencidos de la necesidad de ponerle fin a esa situación podemos pasar al siguiente paso. Para esto es necesario que seamos objetivos en nuestra manera de autoanalizarnos.

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Comenzaremos haciendo una lista. De un lado pondremos todo aquello que deseábamos y que dejamos a un lado por no incomodar a esa persona de la que dependemos emocionalmente. Pueden ser proyectos personales y metas, amigos o familia que debimos dejar de ver para evitar problemas o cualquier sueño que debimos sepultar.

En el otro lado vamos a incluir todo lo que nos hemos visto “obligados” a hacer y que ha terminado perjudicándonos. No nos referimos a acciones dedicadas a la otra persona basadas en el amor, sino a aquello que sabíamos desde el principio que sería contraproducente, que no queríamos ni nos convenía.

Tal vez fue mudarnos al lugar que decidió nuestra pareja por acercarse a su lugar de trabajo, aunque para eso debimos alejarnos del nuestro y de la familia y los amigos. O dejar de trabajar para “cuidar del hogar y los hijos adecuadamente” a pesar de que no es lo que queríamos.

O quizás dejarnos arrastrar en ilegalidades o vicios que, de no ser por “el amor” que creemos sentir, jamás aceptaríamos. O incluso soportar violencia física y psicológica dañando así nuestra salud emocional.

Tener bien claro cuáles son nuestras aspiraciones personales y si ha sido la dependencia emocional el freno por el que no hemos sido capaces de conseguirlas, es un paso importante para comenzar a desarrollar autonomía emocional.

Ser consciente del sufrimiento experimentado es importante. Recuerda que todo aquello que dejas de lado, todos los sueños por los que no luchaste, tienen un coste psicológico. A la larga el tiempo invertido en una relación que te frena y no te permite desarrollarte como persona y alcanzar tus objetivos, es calidad de vida desperdiciada.

3-Refuerza tu autoestima

La autoestima es el tendón psicológico indispensable que sostiene una actitud sana y saludable.  En este contexto la dependencia emocional no tiene cabida. Pero, ¿qué hacer para elevar nuestra autoestima?

·         Busca el origen de tu autoestima baja

Determinar el origen de nuestra baja autoestima es indispensable para solucionarlo. Recuerda, no puedes arreglar algo que no sabes por donde se rompió.

La mayoría de estos problemas suelen desarrollarse durante la infancia y las causas pueden ser muy variadas. Es posible que de niños tuviéramos que enfrentarnos a abuso verbal o físico. Al no poder entender qué era lo que realmente estaba pasando, nos formamos nuestro propio criterio al respecto.

Como esta deficiencia de autoestima fue creada por la perspectiva de un niño se basa en un razonamiento sesgado. Regresar a su origen y replantearnos nuestras creencias sobre nosotros mismos, es un gran primer paso.

Si, por ejemplo, nuestros padres nos hacían sentir inútiles, tontos e ineptos y nunca reconocían nuestros méritos ni nos encomiaban los logros, es posible que en nuestro subconsciente se haya fijado la certeza de que en realidad somos incapaces de alcanzar nada por nosotros mismos.

Reconocer que fueron nuestros padres los que fallaron en su forma de educarnos y que no había nada malo en nosotros cuando pequeños, nos puede ayudar a desterrar la autoimagen negativa que nos hemos moldeado.

·         Inténtalo a pesar de todo

El mayor enemigo para la baja autoestima es caer en la autocompasión y la zona de confort. No importa si consigues el éxito esperado o no en algún emprendimiento. El hecho de tan solo intentarlo refuerza tu confianza en ti mismo.

Recuerda que la reacción natural será a volver a tu zona de confort, porque de esa forma te protegerás del miedo al fracaso. Pero eso solo conseguiría que a la larga te sientas como un cobarde que nunca tuvo el valor de intentarlo.

Así que cuando te enfrentas a las circunstancias y vences los obstáculos, estás demostrando valor y entereza. O sea, hacer el intento, sin importar cuál sea el resultado, te demostrará cualidades muy positivas acerca de ti y va a reforzar tu valía propia.

·         Cambia metas por valores

Cambiar el enfoque de lo que realmente vamos a conseguir, es importante para aprender a lidiar con el miedo al fracaso. Y esto es aplicable a cualquier ámbito, ya sea personal o profesional. Cuando todo nuestro esfuerzo está concentrado en conseguir un objetivo, es probable que nos sintamos decepcionados y tristes al fallar.

Sin embargo, si en vez de enfocarnos en eso, nos centramos en los valores que nos aportará el esfuerzo invertido, no habrá espacio para la decepción nunca. Imagina que entrenas para una maratón muy importante.

La rutina de preparación te habrá exigido esfuerzo, superarte personalmente, perseverar y hacer sacrificios. El hecho de ponerte una meta tan grande te aportó esos valores. Si, a pesar de todo, no consiguieras ganar, tus valores continuarán estando ahí y es algo de lo que sentirte muy orgulloso. 

·         Aférrate a tus verdaderas fortalezas

Para fortalecer tu autoestima en aras de eliminar la dependencia emocional es necesario que aprendas a identificar esos aspectos en los que realmente eres bueno. Y créeme, todos tenemos muchas cosas buenas, aunque nuestra destrozada autoestima se empeñe en negarlo.

Para ello intenta hacer una lista con 5 logros que hayas tenido en tu vida. Puedes añadir todos los que vayas reconociendo. No tienen que ser hechos excepcionales. Tal vez que sepas cocinar o preparar algún plato en particular mejor que tus conocidos. O que hayas sido capaz de atreverte a seducir a tu pareja.

Tal vez eres buen amigo y has apoyado emocionalmente a alguien que lo necesitaba o sientes un afecto especial por los animales a los que rescatas y ayudas. Sé generoso contigo mismo. Si no se te ocurre nada, imagina que estás describiendo los logros de un amigo. Mírate desde afuera y aprende a identificar todo aquello que has conseguido.

Recuerda que para alcanzar estos objetivos tuviste que demostrar intrepidez, constancia, empatía o sacrificio. Y todo eso demuestra que posees valores a los que aferrarte. Esas son tus fortalezas y reconocerlas te ayudará a potenciarlas y usarlas a tu favor. 

4- Asume el control de tu vida

Impedir que la dependencia emocional continúe rigiendo nuestra vida, es determinante para escapar del circulo vicioso en el que hemos estado sumidos. Ha llegado entonces el momento de hacer un stop y comenzar a decir: “este es mi problema, nadie puede arreglarlo por mí, puedes apoyarme hasta que lo haya solucionado, pero es mi responsabilidad”.

No necesitamos ser rescatado ni rescatar a nadie. Nadie puede venir a darnos algo que solo conseguiremos dentro de nosotros mismos. Asume que solo tú eres responsable de tu actitud y tu estado de ánimo.

Aprende a valorarte, dedícate tiempo, cultívate, crece como persona y abandona la dependencia emocional que termina convirtiéndote en alguien indefenso y vulnerable.

Deja de esperar a tu príncipe. Rompe los barrotes, mata al dragón, doma un caballo salvaje y cabalga hacia tu propio castillo, donde podrás invitar, si te place, a un apuesto príncipe (o a una bella princesa) para que te haga compañía.

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