¿QUÉ ES REALMENTE LA FE? UNA MIRADA REALISTA A LA FUERZA MÁS PODEROSA DEL UNIVERSO

Fe, una de las palabras más usadas y abusadas de la historia de la humanidad. Ha estado en el centro de extraordinarios acontecimientos, apasionadas corrientes, cruentas guerras y hasta genocidios. Se le ha invocado a la hora de motivar grandes masas y liderarlas hacia un objetivo común y tiene protagonismo incuestionable en todos los milagros o sanaciones que se efectúan en nombre de Dios. No ha habido pueblo alguno sobre la tierra cuya historia no haya estado determinada por la fe. ¿Pero, qué es realmente la fe? ¿Y cuál es su verdadero poder?

Que es realmente la fe

¿Qué es realmente la fe y cuál es su verdadero poder?

Los únicos seres vivos capaces de experimentar la fe son los humanos. Dependiendo de la cosmovisión cultural o religiosa en que nos hayamos formado, habremos desarrollado un conjunto de valores y creencias que consideraremos propias aun cuando la realidad es, que hemos tenido poco control sobre ello.

Eso explicaría el por qué la humanidad ha sido capaz de actuar irracionalmente, de forma masiva, en muchísimas ocasiones a lo largo de la historia. A alguien que nació en el tiempo de la inquisición romana podía parecerle “normal” que se celebrara públicamente la ejecución en la hoguera de una adolescente acusada de bruja o que, quienes buscaran respuestas científicas a las interrogantes acerca del origen de la vida o nuestro propio planeta fueran perseguidos por la iglesia y considerados herejes.

Explicaría el hecho de que gran parte del pueblo alemán admirara fervorosamente a Hitler y defendiera sus métodos, mientras que en los campos de concentración eran masacrados cruelmente y ejecutados millones de judíos en el holocausto nazi. O de que una muchedumbre vitoreara enardecida, al tiempo que los sacerdotes avanzaban hasta el altar para sacrificar una virgen, con el objetivo de recibir bendiciones en forma de lluvia.

Sea cual sea nuestra cosmovisión del mundo aceptaremos ciertas realidades y hasta las justificaremos, gracias a una capacidad inherente a los humanos, la fe. Por fe, las personas son capaces de soportar situaciones límite, que no llegan a comprender totalmente, pero que atribuyen a un “plan superior” del que no pueden percibir toda su dimensión. Y explotar esta capacidad humana le ha otorgado poder sobre las masas a líderes y gobernantes de todas las épocas y lugares.

Que es realmente la fe

¿Cómo podemos entender qué es realmente la fe?

En todo el mundo y a lo largo de la historia se han formulado diversas teorías para comprender qué es realmente la fe. En un intento por entender esta fuerza poderosa, a la que Jesús calificó como capaz de mover montañas (según asevera la Biblia en Mateo 17:20), se le ha asociado, en innumerables ocasiones a un ente todopoderoso o deidad.

Por naturaleza, los seres humanos tendemos a sentirnos frágiles al compararnos con el universo que nos rodea y enfrentarnos a los problemas y vicisitudes de la vida. La idea de sentirnos protegidos por algo o alguien cuyo poder nos trasciende, es tentadora y gratificante. Esto ha dado pie a que la imaginación humana haya creado infinidades de dioses con el fin de ofrecer respuestas a nuestras interrogantes.

¿Por qué se ha circunscrito la fe dentro de las religiones?

Que es realmente la fe

Cuantos dioses existen hoy y han existido en todas las épocas, han sido fruto de la incansable necesidad humana de depositar su fe en algo. Desde los albores de la humanidad de que se tiene constancia, la gente ha intentado explicar los fenómenos naturales a los que no comprendía asociándolas a fuerzas sobrenaturales. E invariablemente eran añadidos elementos de fe. Dioses que exigían lealtad absoluta, que otorgarían bendiciones a cambio de sacrificios, que castigaban con la muerte a quienes no los adoraran incondicionalmente, etc.

Reconocer el hecho de que los humanos buscamos incansable e inconscientemente donde depositar nuestra fe, les ha otorgado ventaja a quienes han sabido ver en eso una oportunidad de control masivo. Sin embargo, circunscribir la fe al ámbito religioso, es subestimar su verdadero poder y alcance.

Lo cierto es, que más allá del objeto en que la depositemos, la fe es la capacidad que poseemos los humanos para creer en algo intangible y convertir esa creencia en una fuerza muy poderosa capaz de determinar nuestra vida y en gran medida el futuro. Esta capacidad de sentir espiritualidad y fe es lo que nos diferencia de otros seres vivos con los que compartimos funciones biológicas básicas.

¿Por qué es realmente la fe tan poderosa?

Que es realmente la fe

Pero ¿por qué es realmente la fe tan poderosa en nuestra vida? ¿y cuál es el enfoque que nos ayudará a beneficiarnos de ella? Entender el verdadero poder y alcance de la fe es crucial para convertirla en el motor impulsor de una vida exitosa y feliz.

¿Tener fe es sinónimo de creer en Dios?

Es importante precisar que la fe no es sinónimo de creer en Dios. Aunque frecuentemente suele ir asociada a una deidad, por sí sola es una fuerza muy poderosa. Para entender su alcance tenemos que aprender a identificar su protagonismo en todos los logros humanos.

Muchas veces hemos escuchado acerca de personas que, desafiando diagnósticos médicos, han vuelto a caminar, luego de haber sufrido un accidente en el que las probabilidades de lograrlo eran casi nulas. O de otras, cuyo pronóstico es muy favorable y sin embargo se hunden en un abismo en el que no consiguen hacerlo, aun cuando físicamente no presenten impedimento alguno.

Cuántas veces hemos visto a personas conseguir records aparentemente imposibles de alcanzar, mientras que, para otros, acciones simples de la vida se tornan montañas difíciles de escalar. Cada uno de los grandes logros de la humanidad, desde las pirámides de Egipto hasta las naves espaciales, ha sido posible gracias a esta poderosa capacidad humana de creer que algo improbable, algo que solo existe en la mente de quien lo ha soñado, pueda ser posible.

Que es realmente la fe

¿Por qué es realmente la fe la gestora de las victorias?

¿Por qué el hecho de ser “sanado” o recibir un milagro de parte de Dios está supeditado a nuestra cuantía de fe? No es raro ver a predicadores fervorosos sugestionando a sus fieles con discursos enardecidos y delirantes y efectuando “curaciones”, en las que el factor determinante para su objetivo es la fe que demuestre el posible beneficiado.

En estas actuaciones, no hay escenario posible para un fracaso de parte de ellos o de Dios, pues toda la responsabilidad recae en quien recibirá la posible curación. De esta forma, si es sanado fue porque demostró fe y si no lo es fue por su falta de ella. Pero, si realmente tuvieran el poder que afirman tener ¿no deberían efectuar milagros para todos y especialmente para los incrédulos, dado que eso haría más notorio el hecho?

La fe es un factor común a todas las formas de creencia y religión de la tierra. Y cuando de “sanaciones espirituales” se trata, al parecer es irrelevante en nombre de quien se ejecuta el milagro. Basándonos en el hecho de que, al parecer todos los dioses, santos y vírgenes tienen el poder de efectuar un milagro si demostramos suficiente fe en que así será, podemos llegar a la conclusión de que la fe por sí misma, es más poderosa que el objeto en que la depositemos.

¿Por qué algunas personas son capaces de alcanzar lo aparentemente imposible y a otras le cuesta lo completamente posible? La respuesta es simple: la fe. Las personas que consiguieron aquello que anhelaron profundamente creyeron que así sería, incluso cuando creerlo desafiaba la lógica. ¿Pero por qué es realmente la fe tan poderosa a la hora de marcar la diferencia en el desenlace final de cualquier objetivo?

¿Por qué es realmente la fe tan importante en nuestra vida?

Que es realmente la fe

Para entenderlo mejor pensemos en un ejemplo simple. Todos los seres vivos necesitan un lugar donde guarecerse de las inclemencias del tiempo. Algunos animales construyen nidos o madrigueras o simplemente se refugian dentro de cuevas o cavernas. Esto lo hacen instintivamente, motivados por la necesidad de protegerse a ellos mismos o a sus crías.

El ser humano también necesita resguardo. Podría hacerlo en una gruta como sus antepasados primitivos. Sin embargo, a diferencia de los animales, los humanos poseemos la capacidad de soñar e imaginar cómo nos gustaría vivir. Y para convertir ese sueño en realidad, es necesario una dosis de fe.

En mayor o menor medida, nuestros planes, ya sean una casa de ensueño, el trabajo que nos llevará a conseguirla o algún proyecto ambicioso, requieren esfuerzo. Si no fuéramos capaces de aferrarnos a un resultado que solo existe en nuestra mente, muchos de los grandes triunfos de la humanidad hubieran muerto antes de nacer.

Cada uno de los logros que hemos obtenido a lo largo de nuestra vida ha sido posible, gracias a la capacidad de creer que podíamos conseguirlo, aun cuando parecía imposible. Esa facultad de aferrarnos a un futuro intangible y convertir ese anhelo en una fuerza poderosa que nos inspira y nos capitanea hacia el objetivo deseado, se llama fe.

¿Cómo podemos recuperar la capacidad de tener fe una vez la hemos perdido?

Que es realmente la fe

Entonces, ¿podemos aseverar de que es realmente la fe la que marca la diferencia entre una vida plena, con objetivos, metas y sueños y una existencia plana, basada en la mera supervivencia y satisfacción de las necesidades más básicas? Sí, sin lugar a dudas. Y aunque no es determinante el hecho de que creamos en una fuerza superior, llámese Dios, universo, naturaleza, etc. para tener fe, encausarla en ese camino ayuda a muchas personas a darle sentido a sus vidas.

No obstante, para algunas personas que la vida ha sido difícil y dura no hay razón alguna para tener fe. En dependencia de diversos factores, nuestra vida puede convertirse en una montaña rusa de emociones en las que cada vez pierden más espacio sentimientos como la fe o la esperanza. Y no importa cuánto deseemos “que pase algo bueno” parece que una y otra vez estamos destinados al fracaso y al sufrimiento.

Si la frase ‘solo me pasan cosas malas’ es recurrente en nuestra mente, tal vez hemos caído poco a poco en un círculo vicioso en el que creemos que solo nos sucederán cosas malas y luego nos suceden porque lo creemos. Y por más que lo intentamos, sentimos que solo vamos cuesta abajo.

Sin embargo, es importante que nos detengamos en este punto. Hay una gran diferencia entre desear algo y tener fe. No basta con querer alcanzar un objetivo y no importa cuanto lo desees. La diferencia entre los que quisieron llegar y los que llegaron, fue que los últimos tuvieron fe.

Volviendo al ejemplo de la casa, imaginemos a dos personas (las llamaremos A y B) que, aunque no se conocen entre ellas comparten el factor de haber nacido en una familia pobre y en un país del tercer mundo. Desde muy jóvenes A y B sueñan con tener una hermosa casa donde criar a su familia y disfrutar de una vida digna. Para sus familias y conocidos esto ha sido solo un sueño inalcanzable, pero eso no ha impedido que A y B deseen con todo su corazón esa casa de ensueños.

Sin embargo, cuando A contó a sus conocidos acerca de sus deseos, todos se echaron a reír. Lo instaron a “bajarse de las nubes”, “poner los pies en el suelo”, etc., etc. Entonces A se dio cuenta de que fantaseaba con algo imposible y se dedicó a sobrevivir mientras cada día lamentaba su suerte y acariciaba su sueño agonizante.

También a B le dijeron lo mismo y cuando no lograron disuadirlo, agregaron frases como “estás completamente loco”, “nunca conseguirás nada” y muchas más. Pero, aunque B sabía que lo que deseaba era prácticamente imposible de alcanzar, no le importó.

Cada noche, al irse a dormir imaginaba cómo sería su casa. Podía ver las habitaciones confortables y cálidas, el salón con su chimenea, los cómodos sillones en el pórtico y el jardín donde jugarían sus hijos en el futuro. Y esta hermosa casa, que él consideraba suya desde que la gestó en su mente, se convirtió en una meta a conquistar.

A y B tenían además trabajos similares y ganaban lo mismo. Cada día se debían levantar muy temprano y trabajar largas horas, haciendo esfuerzo físico intenso. A terminaba muy cansado y por eso, en un intento por recompensarse, pasaba las pocas horas libres que tenía tomando ron barato con sus conocidos y lamentando su suerte.

B también terminaba exhausto. Pero como sabía que su casa de ensueños no aparecería mágicamente, mientras trabajaba no paraba de pensar y buscar alternativas. No era fácil, si lo hubiera sido, su familia ahora tendría una amplia y hermosa casa y no vivirían diecisiete personas hacinadas en treinta metros cuadrados.

Como B creía firmemente que al final tendría su hermoso hogar pasara lo que pasara, no paró de pensar, de buscar opciones, de aprender. Y al llegar a casa, en vez de autocompadecerse, se sentaba a la luz de una vela a estudiar aquel viejo libro de contabilidad. Se dio cuenta de que si se quedaba allí jamás conseguiría nada. Así que, con mucho esfuerzo y sacrificio, logró irse a un lugar donde era un poco mejor pagado.

Pero, aunque ahí tampoco ganaba lo suficiente para alcanzar su objetivo, le permitió pagarse clases nocturnas que lo prepararon un poco más. Cuando siete años más tarde y tras muchísimo esfuerzo, consiguió un buen trabajo en la capital, salió a buscar al fin su casa soñada. No se detuvo hasta que encontró aquella que él había imaginado más de quince años atrás, cuando todos creían que estaba completamente loco.

Veinte años después de que A y B fueran solo dos chicos soñadores a los que la vida parecía negarle todo lo que deseaban, la situación de ambos era completamente diferente. A se había rendido muy pronto. Deseaba mucho, pero no creía. Y ahora solo era un borrachín más del pueblo, a quien muchas veces se le escuchaba llorar por sus sueños frustrados.

B también deseaba una hermosa casa, pero además de desearlo creyó en que tarde o temprano, y pasara lo que pasara, la conseguiría. Convirtió ese deseo en una fuerza tan poderosa que, a pesar de todas las dificultades que tuvo que afrontar, terminó consiguiendo que aquel sueño imposible se hiciera realidad.

Que es realmente la fe

Las personas que aprenden pronto que es realmente la fe la que marca la diferencia en el resultado de cualquier empresa humana, son las que cambian el rumbo de sus vidas y encaminan sus barcos a buen puerto. Aprender a ‘creer’ en nuestros objetivos, es un ejercicio que poco a poco y con constancia, nos llevará a ser personas seguras, fuertes, exitosas y felices.

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