nuestro crecimiento personal

La impactante lección sobre nuestro crecimiento personal que nos aporta el bambú japonés

Vivimos en una sociedad ansiosa. Una sociedad que quiere todo ahora. Para eso se han perfeccionado técnicas que logran hacer en poco tiempo lo que antaño hubiera llevado años. Gracias a esto se ha conseguido humanizar la vida en muchos aspectos y son loables los avances tecnológicos y científicos que hemos alcanzado.

Sin embargo, cuando se trata de nuestro crecimiento personal y la realización de nuestros sueños, el proceso puede –y debe− ser más lento. La clave está en no desesperar.

Hay una leyenda en la cultura Zen, contada por los sabios de generación en generación, que lo ilustra muy bien. Se basa en la forma en que crece el bambú japonés, un extraordinario árbol cuyo desarrollo nos aporta una valiosa lección.

La metáfora sobre la forma en que germina su semilla, nos recuerda la importancia del trabajo arduo y la paciencia a la hora de perseguir nuestros sueños.

El bambú japonés

Cuando un cultivador siembra una semilla de bambú, el árbol no va a crecer inmediatamente por mucho que se abone y se riegue regularmente. Pasado un tiempo, es posible que un agricultor inexperto llegue a la conclusión de que ha usado semillas infértiles.

De hecho, pasarán siete largos años antes de que pueda ver sobre la tierra los primeros brotes. Pero una vez ha germinado, crece aceleradamente, y en solo seis semanas puede alcanzar la descomunal altura de treinta metros.

nuestro crecimiento personal

Nuestro crecimiento personal es como una semilla de bambú

Este relato de la cultura zen y oriental nos deja más de una enseñanza. La primera es que, no todo lo que se ve fácil, en realidad lo es. Cuando vemos a alguien conocido, avanzar vertiginosamente y alcanzar el éxito, a veces olvidamos que, tras esa rápida evolución hubo un largo proceso de aprendizaje y madurez.

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Si, tras varios intentos fallidos por obtener un resultado en particular, pensamos en darnos por vencidos, deberíamos recordar que el bambú tardó siete años en germinar su pequeña semilla. Y cuando parece elevarse treinta metros de un día para otro, en realidad ha estado mucho tiempo preparándose para eso.

Ningún logro importante llega de manera fácil. Sea que se trate de alcanzar el éxito profesional, una vida satisfactoria y feliz o cualquier otro proyecto personal, debemos recordar que el resultado final solo será gracias a un largo proceso.nuestro crecimiento personal

Descuidar nuestro crecimiento personal, porque no vemos los resultados esperados, sería como darnos por vencidos y dejar de regar la pequeña semilla luego de algunos años. Eso nos lleva a la segunda importante lección que nos transmite esta leyenda.

La clave es conservar la paciencia y aprender a esperar con calma

¿Cuánto podríamos decir que tardó la planta en crecer? ¿solo seis semanas? En realidad, el bambú necesitó siete años y seis semanas para alcanzar su tamaño total. Y aunque el proceso no fue visible durante los primeros siete años, gracias a este tiempo en el que pudo desarrollar y fortalecer sus raíces, se convirtió finalmente en este colosal y magnifico árbol.

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Pero ¿qué hubiera pasado, si, como mencionamos antes, el agricultor se hubiera dado por vencido tras algunos años? Sin el cuidado adecuado, la planta jamás habría conseguido desarrollarse lo suficiente para brotar de la tierra y la persona que la plantó terminaría convencida que estuvo perdiendo el tiempo con semillas inútiles.

Tal vez nunca lleguemos a saber cuántos arboles de bambú ahora estarían reverdeciendo nuestro patio, si tan solo no nos hubiéramos rendido. Aprender a tener paciencia y a no esperar cambios de un día para otro, es algo que nos ayudará mucho en nuestro crecimiento personal.

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Si conservamos la paciencia y aguardamos con calma, los asombrosos resultados de nuestro arduo trabajo y espera, llegarán en su momento.

Nada de lo que hacemos pasa desapercibido

La ingratitud humana, la indiferencia o la abierta animadversión de algunas personas, hace que nos preguntemos a veces si realmente vale la pena continuar esforzándonos. Es posible que estemos cansados de hacer cosas buenas para los demás sin recibir nada a cambio.

Sin embargo, un cambio de enfoque nos podría dar la perspectiva adecuada. No debemos hacer nada motivados por recibir algo a cambio. Como en el caso de nuestra semilla de bambú, si solo pensamos en el resultado terminaremos desesperando y desistiendo.

Mientras día a día la regamos, abonamos y cuidamos con amor, ella no es indiferente a nuestros esmeros. Aunque a simple vista no esté ocurriendo absolutamente nada, debajo de la tierra está formándose un complejo y enmarañado sistema de poderosas raíces que están preparando a la futura planta de bambú para ser un colosal árbol.

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De la misma manera, cada vez que demuestras que estás convirtiéndote en un mejor ser humano, que eres amable con los demás, que has dejado atrás tu actitud negativa y te estas convirtiendo en una persona alegre, optimista, agradecida y positiva, estás dejando una huella en quienes te rodean.

Y aunque no recibas halagos por tus avances, ni palabras alentadoras, de seguro la imagen que los demás tienen acerca de ti estará cambiando, aunque no seas consciente de ello.

No desesperes, si tus sueños aún no han germinado, quizás estén echando raíces

Mucha gente pasa por alto lecciones tan importantes como las que nos ofrece el bambú japonés. Están desesperados por alcanzar el éxito y triunfar en la vida y olvidan que nada bueno y duradero se consigue de la noche a la mañana.

Los triunfos apresurados y las soluciones rápidas que algunas personas implementan para conseguir sus objetivos, solo hacen crecer un arbusto endeble y debilucho que ante la primera adversidad será derribado por los vientos del desaliento y la inseguridad. El verdadero éxito es el resultado de un largo proceso para alcanzar nuestro crecimiento personal y éste, como el bambú japonés, requiere tiempo, cuidado y dedicación.

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Jamás creas que has estado perdiendo el tiempo, si todavía no recibes los beneficios esperados. Riega y abona con sumo cuidado y dedicación tu árbol interior. No importa que pase el tiempo y no observes resultados. Nunca te rindas. Llena tu vida de todo lo que te aporte, te dé motivos para sonreír, para compartir cosas positivas con otros y para ser feliz.

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No desesperes. Invertir en nuestro crecimiento personal es siempre la mejor opción. Porque, mientras tanto, oculto de la vista de todos, en ti están creciendo las poderosas raíces que te permitirán convertirte en esa persona fuerte, segura y exitosa que deseas ser.

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