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¿TENGO UNA MENTALIDAD VICTIMISTA? 10 ASPECTOS PARA HACER UN ANÁLISIS AUTOCRÍTICO DE NUESTRA ACTITUD

Ser una víctima es algo involuntario, tener mentalidad victimista no. La víctima es quien ha sufrido un daño personalizable o trauma, ya sea por cuestiones imprevisibles, o por culpa explícita de otras personas. El victimista es alguien que se siente siempre víctima, de los demás, del entorno, del pasado o del destino, sea esto de forma consciente o no.

Es muy fácil rechazar cualquier insinuación sobre una posible mentalidad victimista. Sea cual sea nuestra posición ante la vida, tendremos siempre a mano todos los argumentos que justifiquen ampliamente esa forma de proyectarnos.

Es muy probable que la mayoría de las personas tengan razones para sentirse en mayor o menor medida víctimas. Y para una víctima, enfrentarse a las situaciones normales de la vida puede representar todo un reto. Dependiendo de las causas de su trauma psicológico y de los mecanismos de defensa que haya utilizado para superar su dolor, será más o menos difícil su recuperación.

Pero existe una gran diferencia entre ser una víctima real y desarrollar una mentalidad victimista. Aunque no es determinante, es común ver este trastorno entre personas que sí han sido víctimas reales en algún momento de sus vidas.

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Determinar en qué punto del espectro nos estamos proyectando, es vital para comenzar a dar pasos para modificar nuestra vida. Eso nos ayudará a eliminar cualquier aspecto que nos convierta en personas indefensas emocionalmente, atrapadas en nuestros propios y errados conceptos preconcebidos.

Cómo podemos identificar la mentalidad victimista

En cierta medida todos demostramos en algún punto una mentalidad victimista. La tendencia de culpar a factores externos por los problemas y adversidades que sufrimos, es algo más común de lo que imaginamos.

Pero cuando esa actitud se caracteriza por una deformación pesimista de nuestra realidad, en la que nos regodeamos en el lamento y la pena, la situación comienza a ser alarmante. Aceptar la categorización de eterna víctima indefensa, excluyendo cualquier posibilidad de autocrítica y de autorresponsabilidad es en extremo nocivo.

Pero, ¿qué es el victimismo o mentalidad victimista?

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Las personas con una mentalidad victimista, hacen de esta forma dañina de ver la vida, su rutina habitual. Viven quejándose constantemente, ya sea abiertamente o solo para sus adentros. Y se esconden en su condición de víctimas para eludir cualquier responsabilidad por sus acciones o aptitudes.

El victimista siempre va a estar orientado hacia las posibles injusticias que sufre o sufrirá. Culpará de su mala suerte al destino, a su pasado o a las personas que lo rodean que, según él, siempre están tratando de aprovecharse o dañarle directamente.

Esta manera de ver la vida nos volverá indefensos para afrontar las circunstancias. Cuando tenemos una mentalidad victimista sentiremos que, pase lo que pase, la culpa o responsabilidad nunca será nuestra.

Esto es una forma que tiene el subconsciente de proteger nuestra autoestima a corto plazo. Una justificación que funciona para exonerarnos de responsabilidad ante los fracasos de nuestra vida y no afrontar las emociones asociadas a los sentimientos de culpa.

Sin embargo, la mayoría de las personas que demuestran victimismo, no son conscientes de ello. Han hecho de esa forma de actuar, un patrón de conducta que se ha vuelto la respuesta automática a todas las situaciones de la vida. Y como todos los patrones de conducta, la mentalidad victimista es modificable.

¿Qué causas nos llevan a desarrollar una mentalidad victimista?

No elegimos conscientemente convertirnos en una víctima. Desarrollamos una actitud victimista porque de cierto modo nos funciona. Es posible que con el paso del tiempo se haya ido convirtiendo en una estrategia de supervivencia psicológica. Tal vez no hayamos encontrado ninguna otra forma más efectiva para lidiar con el dolor del fracaso.

De esta manera estaremos proporcionándonos justificación para quedarnos estancados emocionalmente, eludir la responsabilidad por nuestros actos o en determinados casos, buscar compañía y atención desde la posición indefensa de una víctima.

Aquellas situaciones que se perciben como fracasos en nuestra vida, siempre resultan difíciles de procesar. Pero hay personas para las que estos fracasos son demasiado dolorosos. Es posible que su baja autoestima les haga sentir que cada fracaso es un recordatorio de su poca valía.

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Es por eso que externalizar la responsabilidad se vuelve un recurso efectivo. Al identificar las posibles causas del fracaso en aspectos externos a nosotros mismos, nos estamos protegiendo del dolor que significaría aceptar nuestros errores y hacernos cargo de ellos.

Estamos dejando claro con nuestra actitud que nada de lo que nos sucede es nuestra culpa porque, de haber sido otras las circunstancias, nuestra vida sería completamente diferente. De esta manera quedamos exonerados delante de los otros y justificados por todos los daños que nuestro actuar provoque.

Es posible que esta forma de afrontar las situaciones adversas de la vida haya surgido en nuestra misma infancia. Puede haber sido provocada por patrones de conducta heredados de nuestros padres o como resultado de traumas legítimos que no han sido afrontados adecuadamente.

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Situaciones extremas, como el maltrato físico y psicológico, el abuso infantil o cualquier otro entorno en que la persona no tuvo ningún poder para cambiar las cosas, puede desencadenar en una mentalidad victimista.

En algún momento de su pasado la persona aprendió que, hiciera lo que hiciera nada cambiaria y de alguna manera esa formar de pensar se convirtió en un patrón de conducta de indefensión aprendida.

A veces esta actitud de victimismo es el reflejo de emociones negativas mal manejadas que la persona teme mostrar a los demás. Esconden su propia ira o enfado proyectándolos en los otros, anticipando que recibirán agresión o daño por parte de las personas que le rodean.

Esto les hará malinterpretar comentarios y expresiones faciales, que serán distorsionadas al imaginar que en los demás siempre subyacen malas intenciones. De esta forma en vez de expresar el enfado o la frustración como respuesta natural al estrés o las situaciones de la vida y hacerse cargo de esas emociones, lo transforman en desconfianza y miedo hacia otras personas.

Pero, ¿cómo podemos determinar si estamos proyectando una mentalidad victimista? Un análisis autocrítico y completamente honesto nos ayudará a conocer, si nuestra actitud está erigiéndose como un muro entre nosotros y una vida satisfactoria y feliz.

10 características de una persona con mentalidad victimista

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1− Soy una víctima.

Las personas con mentalidad victimista, han sido con frecuencia, víctimas de algún evento o suceso en el pasado. Este hecho, en el que realmente no tuvieron control de la situación, pudo haber desencadenado con el tiempo en esta forma de interpretar la vida desde la posición del victimismo.

Estas personas sienten constantemente que han sido tratados injustamente y que los demás siempre quieren dañarlos. Se sienten en todo momento como una víctima indefensa. No asumen ninguna responsabilidad en los fracasos sentimentales, laborales o interpersonales a pesar de que sea obvio que han tenido parte en ello.

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2− No tengo el control sobre mi vida.

La persona con mentalidad victimista se siente frecuentemente como una marioneta tirada por los hilos de la vida. Cree no tener el control sobre nada de lo que pasa en su vida y cede su responsabilidad a elementos externos.

Al enfrentarse a obstáculos y problemas propios de la vida se niegan a actuar de forma proactiva con el objetico de resolverlos. Es posible que su reacción sea huir de la situación o quedarse estancados sin hacer nada. En lugar de eso, se centrarán en lo negativo regodeándose en el drama y el sufrimiento.

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3−No espero nada bueno de la vida.

Una persona con mentalidad victimista está condicionada psicológicamente para que todo lo que llegue a su vida sea eventualmente malo. Es pesimista por naturaleza y donde otros ven posibilidades ella verá un potencial fracaso.

Sospechan de las intenciones de todas las personas que llegan a su vida, negándose a sí mismos la posibilidad de explorar nuevas oportunidades. Suelen cerrarse puertas que podrían haberles conducido a algún eventual logro y tomar atajos cuyo final desastroso era fácil prever.

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4− No tengo la culpa de nada de lo que me ha sucedido.

No asumir ningún tipo de compromiso por los resultados negativos de su actitud, es típico de las personas con mentalidad victimista. Desde su posición de víctima indefensa, rota, alguien que merece ser comprendida siempre, los culpables de cualquier desenlace indeseable siempre serán los otros.

Es posible que enfoque la culpa de todos sus problemas en diversos elementos además de las personas que le rodean. Quizás sienta que es una víctima del destino y que por eso no es responsable de “su mala suerte”. De una forma u otra desviará su parte de responsabilidad en todos los eventos que desencadenaron su situación actual, hacia otros factores.

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5− Necesito y merezco compasión.

Es común que esta persona crea que la vida ha sido muy injusta con ellos y por eso es digna de compasión. Este tal vez, es uno de los rasgos más característicos de una persona con victimismo. Siente lástima de ella misma y se lamenta constantemente de su destino.

Por lo general cree que los demás han tenido más suerte que ella, que son más felices y disfrutan de una mejor vida. Asume que le ha tocado sufrir más que a nadie y se refugia en la compasión de quienes se sensibilizan ante su penosa situación.

Busca constante atención ya sea de manera abierta o no. Necesita ser validado y justificado por los demás, ya sea porque no se merece haber sufrido tanto o por seguir adelante a pesar de todo lo que tiene que vivir una y otra vez.

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6− Siempre me ocurre todo lo peor.

La persona que desarrolla esta actitud suele ser exageradamente dramática. Desde su propia visión victimista de los hechos distorsiona la realidad, creando un mundo en el que siempre le toca perder. Necesita hacerlo, consciente o inconscientemente, porque se ha acostumbrado a vivir bajo el amparo de la mirada compasiva de los otros.

Es un mecanismo de defensa aprendido que le proporciona cierta compensación psicológica y por lo tanto seguirá provocando esa repuesta en los demás. Siente que ganándose la atención y comprensión de los demás evitará ser juzgado y criticado, algo que teme en extremo.

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7− No puedo confiar en nadie.

Como resultado de haber desarrollado una actitud negativa, la persona de mentalidad victimista cree que todo el mundo terminará haciéndole daño de una forma u otra. Interpreta cualquier comentario, por inocente que sea, de manera maliciosa y por esa razón suele actuar a la defensiva.

Se anticipa a cualquier desenlace, dando por hecho que los demás nunca lo comprenderán, que lo juzgarán injustamente o que demostrarán abiertamente animadversión por su persona. Su propia actitud negativa, contribuirá a resultados desagradables e incómodos, que acrecentarán su victimismo y convicción fatalista.

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8− No puedo lograr nada, no valgo lo suficiente para nadie y nunca conseguiré ser feliz.

La tendencia natural de quien desarrolla la mentalidad victimista será siempre a menospreciarse. Su baja autoestima le hará sentirse poco capacitado e inferior a los demás.

Y aunque este rasgo sea enmascarado bajo una apariencia de autosuficiencia y orgullo, en el fondo siempre se creerá incapacitado para alcanzar metas reales y satisfactorias. Sentirá que, por alguna razón, para los demás es más fácil y posible conseguir todo aquello que a él le está vedado alcanzar.

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9− Nadie me comprende realmente.

Ante la insinuación de un análisis autocritico y objetivo de sus acciones, esta persona se negará a considerar la posibilidad de estar actuando erróneamente. En lugar de eso, reaccionará a la defensiva, como suele hacerlo siempre, enarbolando la bandera de la incomprensión.

Con esta posición se está cerrando las puertas a cualquier posibilidad de mejorar y levantando muros ante todos los que insinúen que ha actuado erróneamente. Interpretará los intentos de ayuda como intromisiones a su privacidad y defenderá su autonomía negándose a cualquier sugerencia de cambio.

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10− Para qué lo voy a intentar si no va a servir de nada.

Es posible que, el sentir que no tenemos el control de la situación, nos despoje de las herramientas necesarias para una buena comunicación. Así que, desarrollaremos una actitud pasivo−agresiva en la que no pediremos lo que necesitamos porque estamos seguros de que no servirá de nada.

Esta misma actitud negativa nos hará sentir que exponer nuestros puntos de vista es una pérdida de tiempo, mientras que, a la vez estamos enfadados por la situación en que nos vemos envueltos. Así que, aunque verbalmente no expongamos nuestros criterios y aparentemente seamos pasivos y conformistas, nuestro lenguaje corporal y el tono de decir las cosas demostrarán agresividad.

Son muchas las características que pudieran hacernos sospechar que alguien que conocemos o incluso nosotros mismos, estamos desarrollando una mentalidad victimista. De cualquier manera, esta actitud tan nociva representa un freno para conseguir el éxito en nuestra vida.

Pero, ¿es posible cambiar nuestra mentalidad victimista, hacia una proactiva y enfocada a crecer como seres humanos? El próximo articulo estará enfocado en lo que debemos hacer para cambiar nuestro modo de ver la vida y comenzar a palpar los resultados de una vida satisfactoria y feliz.

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