Contra corriente. Una reflexión personal y franca sobre Dios, la biblia y las religiones

Una reflexión personal y franca sobre Dios y la biblia

Últimamente he llegado a una conclusión. Y no vayan a creer que ha sido apresurada. Llevo mucho tiempo pensándolo. Soy un salmón. Sí, como lo oyen, me gusta nadar contra la corriente, o lo he hecho siempre, sin proponérmelo.

Verán, nací en el seno de una familia religiosa, en un país y una época en que profesar cualquier tipo de creencia o mención referente a Dios y la biblia, era visto como una aberración propia de los tiempos del obscurantismo. Pero si a eso le sumas que la religión que profesaban mis padres era la de los Testigos de Jehová, la situación toma tintes apoteósicos. 

Para tener una idea, las actividades de los Testigos en Cuba eran vistas en ese tiempo como si de verdaderos criminales se tratara y era manejada con carácter de “peligrosidad”. Así que, acciones tan simples como reunirse, leer la biblia y sus publicaciones o cantar los cánticos, era perseguido ferozmente por el gobierno y penalizado con multas y cárcel.

dios y la biblia

Entonces, en ese escenario nací yo. Desde muy pequeña me contagié del espíritu mártir que reinaba en los miembros de la secta en mi país. De alguna forma eso les confirmaba algo de lo que presumen en todas partes del mundo, que son la única religión verdadera, que son los herederos y continuadores de los verdaderos seguidores de Jesucristo y, como ellos, estaban siendo perseguidos y maltratados.

Demás está decir que yo me sentía orgullosa de pertenecer al único y pequeño grupo elegido por Dios en la tierra para sobrevivir a toda la hecatombe que representaba el mundo y todo lo que estaría por venir, culminando en la destrucción (o el Armagedón) de todos los que no reconocieran a Jehová y sus caminos. Por esa razón aceptaba la burla, el desprecio y el maltrato de mis compañeros de escuela desde muy niña, pues creía firmemente que estaban equivocados y que yo poseía la única y poderosa verdad.

dios y la biblia

De ese momento hasta la fecha ha llovido mucho, demasiado, yo diría que ha habido diluvios universales. Conseguir librarse del control mental que ejerce una secta, sobre todo cuando has nacido dentro de ella y otros factores de carácter psicológico han contribuido a remarcar aspectos negativos de la personalidad, como la baja autoestima o la inseguridad, es en extremo difícil. Pero, no sin mucho dolor y esfuerzo, lo conseguí.

Mi carácter curioso, mi deseo de explorar la psiquis humana, las diferentes formas de pensar y cómo afectan el comportamiento de las personas, me ha llevado a investigar una y otra vez, a observar diferentes corrientes filosóficas y creencias de todo tipo. Entonces, viendo el panorama desde un punto más elevado he llegado a mis propias conclusiones.

dios y la biblia

Pero, una vez más eso me coloca en la posición del salmón y aquí me ven, luchando de nuevo contra la corriente. Resulta que ahora es moda creer en Dios y la biblia. Mis coterráneos, que ya no padecen la presión que antaño se ejercía contra las creencias religiosas han pasado a ser, en bandadas, de ateos a fervientes creyentes. Y a nivel mundial se ha hecho tan común el incluir a Dios en todas las conversaciones que, una vez más, me siento como el bicho raro que no encaja.

Para ser sincera, me cuesta un poco hablar de mis convicciones. En parte, porque no es mi intención hacer proselitismo ni convencer a nadie y, por otro lado, porque siento que en el momento en que diga que soy agnóstica y que ya no creo que haya un Dios todopoderoso que guie nuestros pasos y esté pendiente de nuestra vida o, en cualquier caso, un ser poderoso, responsable de la creación del ser humano y de su futuro, recibiré una avalancha de improperios, miradas de desaprobación y comentarios desafortunados de abierta decepción. O no, tal vez estoy siendo paranoica con el asunto.  

El caso es que, aquí estoy. Empujando de nuevo con todo mi frágil cuerpo la avalancha de agua en forma de potente muro que se levanta ante mí. Decidiendo, esta vez por convicción propia, lo que quiero creer.

Llegar a este punto no ha sido fácil. En un mundo donde tendemos a dejarnos llevar por las corrientes por donde navegan las mayorías, pensar diferente no siempre es bien visto. Sin contar el hecho de que no me considero valiente en lo más mínimo y de que me ha costado mucho esfuerzo defender mis criterios a lo largo de mi vida.

     Solo recientemente he redefinido mi status espiritual dándole un nombre. Mientras navegamos en un mar de dudas es difícil reconocernos como creyentes, agnósticos o ateos. Sin embargo, llegado a un punto me di cuenta que mi estado natural debió ser siempre el de agnóstica, que mi condición de husmeadora, de cuantos asuntos atañen al ser humano y sus cuestiones intrínsecas, me lleva irremediablemente a sentirme pequeña y absolutamente ignorante de cuestiones trascendentales como la existencia de un ente todopoderoso. Buscando información sobre la definición del agnosticismo me encontré con este artículo de Wikipedia: 

Una persona que se considera «agnóstica» afirma que no tiene una opinión sobre la existencia de Dios, ya que no hay evidencia definitiva a favor o en contra. El agnosticismo, no obstante, se ha dividido recientemente en varias categorías. Estas incluyen:

 

Ateísmo agnóstico

No cree en la existencia de ninguna deidad, pero no afirma saber que existe alguna deidad o no.

Teísmo agnóstico

No afirma conocer la existencia de una deidad, pero aun así cree en ella.

Agnosticismo apático o pragmático

No existen pruebas de la existencia o inexistencia de deidad alguna, pero debido a que cualquier deidad que pudiese existir parece indiferente respecto al universo o el bienestar de sus habitantes, la pregunta es esencialmente académica. Por lo tanto, su existencia tiene poco o ningún impacto en los asuntos humanos y debiese ser de igual interés teológico.

Agnosticismo fuerte (también llamado agnosticismo «estricto», «cerrado» o «permanente»)

La pregunta de la existencia o inexistencia de una deidad o deidades y la naturaleza última de la realidad son incognoscibles a causa de nuestra incapacidad natural de no poder comprobar una experiencia sino con otra experiencia subjetiva. Un agnóstico fuerte dirá «No puedo saber si una deidad existe o no y tú tampoco».

Agnosticismo débil (también llamado agnosticismo «empírico», «abierto» o «temporal»)

La existencia o la inexistencia de cualquier deidad está actualmente más allá del conocimiento, pero no es necesariamente incognoscible; por lo tanto, suspenderá el juicio hasta que la prueba, si existe, se haga disponible. Un agnóstico débil dirá «No sé si existen deidades o no pero quizás algún día, si hay evidencias, podamos descubrir algo».

De acuerdo a estas definiciones, yo vendría a encajar en el agnosticismo fuerte, estricto, cerrado o permanente pues concuerdo con el criterio de que, los humanos no tenemos forma alguna de estar seguros sobre la existencia de una deidad.

Pero ¿cómo pasé de ser una ferviente Testigo de Jehová a una auténtica agnóstica? ¿Qué argumentos me llevaron a formarme mi propia opinión sobre la biblia? Y ¿cómo ha repercutido mi forma de interpretar la espiritualidad humana en mi propia vida? son algunas de las cuestiones de las que estaré hablando en esta serie de artículos que estaré publicando bajo el titulo Ni dioses ni héroes.

Los invito cordialmente a mi blog. Siéntanse libres de atacarme con todas sus armas y argumentos. Yo, desde mi trinchera en la que no me proclamo autoridad en nada, pero sí dueña absoluta de mis razonamientos, intentaré ser una digna contrincante o una leal aliada en este sano debate, en el que prima como objetivo primordial crecer como seres humanos.  

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

uno × 1 =