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CRISIS EXISTENCIAL. COMO SUPERAR LA SENSACIÓN DE SENTIRSE PERDIDO Y SIN RUMBO

‘Mi vida no tiene sentido, me siento perdido y sin rumbo, no tengo metas ni ilusiones y cada vez encuentro menos razones para vivir’. La mayoría de nosotros ha experimentado sentimientos como esos en algún momento.

En muchas ocasiones, llegamos a sentirnos tan desorientados, como un barco que ha perdido el rumbo y navega a la deriva en un vasto y atemorizante océano. Y mientras más nos adentramos en este mar de incertidumbre, apatía y tristeza más caeremos en una crisis existencial de la que nos parece que nunca hallaremos una salida.

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Entender por qué nos sentimos perdidos y sin rumbo y encontrar el camino de regreso no siempre es fácil, sobre todo cuando no tenemos claro cuál es el destino al que queremos llegar. Como sucede con cualquier travesía, decidir un punto de partida y un destino es el primer objetivo a tener en cuenta.

Estar sumida en una crisis existencial era una situación bastante recurrente en mi vida. Cualquiera que se detuviera a observar un poco podría entenderlo perfectamente.

Había nacido en una familia pobre, disfuncional, con un padre violento y esquizofrénico paranoide sin diagnostico ni tratamiento y una madre muy joven, débil y sumisa. Para colmo de males, toda la familia estaba inmersa con fanatismo extremo en la secta de Los testigos de Jehová.

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Crecer y ser moldeada en ese ambiente creó todas las bases para convertirme en alguien indefenso emocionalmente. La vida que me había tocado vivir y todas las decisiones que tomé o que no tomé a lo largo de ella, estaban muy lejos de lo que realmente deseaba interiormente.

Tenía muchos sueños y deseos que había ocultado de todos, sepultándolos una y otra vez en mi joven corazón. Y el veneno que destila un sueño sepultado te corroe tanto por dentro que una y otra vez terminas cayendo en un vacío existencial en que lo cuestionas todo.

Cada situación particular es diferente. Y son infinitas las razones que nos llevan a caer en una crisis existencial. Pero sean cuales sean las nuestras, tenemos que determinar el origen de la insatisfacción que sentimos y lo que podemos hacer para solucionar el problema.

Tomando como punto de partida del viaje el momento en que nos encontramos ahora, determinar a donde queremos dirigirnos es crucial para comenzar un viaje hacia nosotros mismos que se traduzca en una vida plena, satisfactoria y feliz.

¿Por qué me siento perdido y sin rumbo? ¿Qué ha fallado en mi vida?

una crisis existencial

Dependiendo de la etapa de la vida en que nos encontremos, es común que nos hagamos preguntas trascendentales sobre nuestra existencia y el sentido de la misma. Para algunas personas estas cuestiones pueden ser más recurrentes y profundas que en otras. Pero en todos los casos son evidencia de la conciencia que tenemos sobre nuestra propia espiritualidad.

Si sentimos que estamos solos, perdidos y sin rumbo, sin ilusiones ni metas y cuestionándonos el sentido de la vida, puede ser que nos encontremos en medio de una crisis existencial.

Las crisis existenciales no parecen guardar relación directa con las situaciones materiales que afrontamos. Pueden aparecer en cualquier momento de la vida, afecta tanto a hombres como a mujeres y no está relacionada con el éxito o el estatus social.

Sin embargo, encontrarnos en medio de una crisis existencial no es del todo negativo. Puede ser el principio de un cambio importante en nuestra vida.

De cualquier manera, demuestra que estamos descontentos con nuestra realidad actual, que los patrones emocionales o psicológicos que antes nos funcionaban ya no lo hacen y necesitamos cambiar el rumbo de nuestro barco.

Entender esto es crucial, porque nos hace ser conscientes de que estas nuevas emociones que estamos sintiendo, nos ponen ante la encrucijada de tomar decisiones importantes. Así que en principio tenemos dos opciones.

la crisis existencial

O seguimos sumidos en ese mar de inseguridades, sintiéndonos perdidos y sin rumbo, sin encontrarle sentido a nada o tomamos medidas urgentes para entender qué nos está pasando, por qué y cómo podemos encontrar el camino hacia una vida satisfactoria y plena.

¿Por qué he caído en una crisis existencial?

Los seres humanos tenemos diversas formas de lidiar con la vida. En este sentido algunos somos activos y otros pasivos. Hay personas curiosas, ávidas de aventuras, de cambiar de ambiente, de relaciones, de trabajo, mientras que otras permanecen durante toda su vida en la religión que aprendieron de sus padres, el mismo trabajo, los mismos amigos, la pareja de siempre, etc.

Sea cual sea nuestra actitud ante la vida, si ahora mismo estamos en medio de una crisis existencial y nos sentimos perdidos y sin rumbo como un barco a la deriva, es hora de replantearnos las cosas.

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Debemos entender en primer lugar que la vida no es estática. Las experiencias personales, el entorno y la percepción que vamos adquiriendo de nuestra cosmovisión van cambiando nuestro enfoque.  Y lo que antes nos funcionaba no tiene por qué hacerlo siempre.

Imaginemos a un chico (al que llamaremos Andy) que conoce una chica en la secundaria. Como ella le gustaba mucho se dejó llevar por la situación. Siguieron juntos en la universidad y cuando quedó embarazada se casaron. Sin darse apenas cuenta ya tenían dos hijos.

Andy debía trabajar horas extras para mantener a su familia y llegaba siempre tarde y cansado. Al llegar a casa encontraba a su mujer de mal humor, discutían a menudo y al parecer la relación se había enfriado bastante.

Sin embargo, aunque Andy amaba muchísimo a su familia y comprendía que su esposa estaba frustrada por la cantidad de trabajo que suponía quedarse en casa a cuidar a sus pequeños, no podía evitar sentirse cada vez más triste y vacío. Se empezó a cuestionar lo acertada de algunas de sus decisiones.

Pero, sobre todo, el no haber tomado algunas en su momento y solo dejarse llevar por las circunstancias una y otra vez. Y el hecho de que su situación familiar le provocara este sentimiento lo hacía sentir culpable, aumentando la espiral de vacío emocional que lo estaba sumiendo en una depresión profunda.

Son muchas las circunstancias que nos pueden llevar a hacernos preguntas como ¿Qué estoy haciendo aquí? ¿Qué sentido tiene mi vida? ¿Por qué cada día me siento más perdido y sin rumbo?

las crisis existenciales

Una vida profesional alejada de lo que en realidad soñamos, una relación tensa, vacía y poco satisfactoria, o cualquier situación que interpretemos como estancamiento espiritual o psicológico, entre muchísimas otras, puede desencadenar una crisis existencial.

¿Es sano creer que nuestra felicidad y bienestar emocional depende de algo o alguien externo a nosotros mismos?

Un error bastante común es la creencia que tienen algunas personas de que su felicidad y estabilidad emocional solo llegará de la mano de alguien o algo. Muchos hombres y mujeres esperan con ansias que aparezca esa persona que los amará incondicionalmente, salvándolos de la soledad, la tristeza y sus propios demonios.

Mientras que otros encuentran refugio en una religión o corriente filosófica donde les parece haber encontrado la verdadera solución a sus problemas.

Aunque es maravilloso compartir la vida con alguien o decidir la religión que queremos profesar, jamás deberíamos ver, ni lo uno ni lo otro, como una solución mágica a nuestros problemas emocionales.

En primer lugar, no existen las soluciones mágicas. Nadie tiene todas las respuestas y cuando de alguna manera, estos recursos dejan de proporcionarnos la seguridad que en su momento nos aportaron, caemos en un vacío o crisis existencial.

Creer que factores como conformar una familia, tener un trabajo estable o ser parte de una hermandad religiosa, proporcionan por sí mismos un sentimiento de plenitud espiritual o emocional está muy lejos de la realidad. Lo cierto es que nuestra felicidad no está en manos de nadie más que en nosotros mismos.

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Sean cuales sean nuestras circunstancias personales, jamás deberíamos olvidar que, así como nos preocupamos de nuestra pareja, nuestros hijos o nuestros padres, debemos ocuparnos de nosotros mismos.

Superarnos emocionalmente, crecer como seres humanos y alcanzar metas y objetivos debería ser siempre una prioridad para nosotros.

¿Qué hacer si no tengo ninguna motivación?

Pero ¿qué hacer si, a pesar de estar sumidos en una crisis existencial en la que nos cuestionamos todo, no encontramos una motivación que le dé sentido a nuestra existencia? Ante todo, debemos recordar que cada persona es un mundo, más que un mundo es un pequeño universo.

Hay universos más interesantes y coloridos que otros, pero todos son ricos y llenos de complejidades. El momento en que ese universo está más activo y en todo su potencial es en la niñez. De pequeños estamos llenos de sueños. Imaginamos un mundo en el que lograremos hacer grandes cosas.

Sin embargo, cuando van pasando los años y la vida nos impone obligaciones que nos alejan de lo que soñamos, nos adaptamos a las nuevas circunstancias creando rutinas de trabajo, horarios, estilo de vida, etc.

Aunque esta situación nos parezca aceptable durante una parte de nuestra vida, si en algún momento algo en nosotros se quiebra y caemos en una espiral de vacío emocional y crisis existencial donde nos sentimos perdidos y sin rumbo, es hora de reconsiderarlo todo.

Reconectarnos con el niño que fuimos es una buena manera de entender el origen de nuestra confusa situación. Antes de que dejáramos que la vida nos moldeara a su manera y trazara un camino caprichoso para nosotros, ¿qué deseábamos? ¿Qué soñábamos que seríamos de grande y qué disfrutábamos haciendo?

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Cómo podemos encontrar el camino que nos conduzca a una vida estable y satisfactoria

La vida a veces nos hace difícil el camino, nos obliga a tomar senderos muy alejados de nuestros verdaderos deseos. Sin embargo, los mayores impedimentos para conseguir lo que realmente queremos están en nuestra propia mente. Y te lo dice alguien cuya vida ha estado plagada de espinas.

Alguien que tuvo que luchar con todo tipo de impedimento, pero, sobre todo, con los que mi psiquis me pretendía imponer. Los mayores muros que se interponen entre la vida que soñamos y la que tenemos, los ha erigido nuestro subconsciente.

Volvamos ahora con Andy. Llegado a este punto se sentía tan triste y vacío que no estaba siendo el buen padre y esposo que se propuso ser años atrás. Con su esposa apenas podía hablar sin que la conversación terminara en una larga lista de reproches donde ambos expresaban su decepción y tedio. Con los niños casi no pasaba tiempo y cuando lo hacía estaba tan abstraído que cualquier travesura terminaba molestándolo.

Lo más triste de toda la situación, era que Andy no entendía porqué había llegado a ese punto en el que su propia familia ya no le llenaba aquel vacío emocional que sentía. Pero una tarde de domingo, cuando la situación era insostenible y se avocaba la ruptura familiar, Andy decidió caminar por un parque cercano y meditar.

A la sombra de los frondosos árboles que abundaban en el parque los pintores plasmaban sus lienzos de color y vida. Entonces Andy recordó cuando él mismo pintaba, allá por sus años adolescentes.

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Recordó que soñaba con convertirse en un gran pintor, porque nada le producía mas felicidad que estar absorto en sus creaciones. Recordó a los amigos con los que podía hablar de pinturas, exposiciones, arte.  

Y, sobre todo, recordó el sentimiento de plenitud que había experimentado en esa etapa de su vida.

Al llegar a casa, le contó a su esposa, por primera vez en todos esos años, lo que realmente sentía. Le habló de sus sueños frustrados, de cómo los había abandonado todos por enfrascarse en lo que consideraba mejor para su familia y de la crisis existencial que estaba sufriendo desde hacía mucho tiempo sintiéndose completamente vacío, perdido y sin rumbo.

Su esposa lo escuchó atentamente y en silencio. Cuando Andy terminó de hablar ella tenía lágrimas en los ojos. Le contó que también se sentía frustrada, triste y vacía, que deseaba mucho volver a trabajar, sentirse realizada, tener objetivos y metas que cumplir.

La conversación terminó con un abrazo en que ambos lloraron muy apretados. Comenzaron a trazar las estrategias para crear el espacio en que cada uno pudiera luchar por alcanzar sus metas y proyectos personales.

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Tuvieron que hacer muchos ajustes, aceptar ayuda de la familia de ambos, planificar y volver a replantearse todo muchas veces. Pero, una vez estuvieron sumergidos en sus proyectos y metas, la relación entre ambos comenzó a mejorar. El tiempo que pasaban juntos ahora era tiempo de calidad, porque cada uno traía su dosis de entusiasmo y alegría y Andy se sorprendió disfrutando de sus hijos y su esposa como nunca antes lo había hecho.

Poco a poco aquellos sentimientos de vacío, de estar perdido y no encontrarle sentido a la vida fueron siendo reemplazados por la alegría que le proporcionaba los nuevos proyectos que ahora lo desbordaban.

Y el esfuerzo extra que debía hacer para llevarlos a cabo, a pesar de las dificultades que le imponía sus obligaciones familiares, solo aumentaba el sentimiento de logro y plenitud.

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No todas las situaciones tienen una solución tan simple. A veces es necesario intentarlo muchas veces, recorrer diferentes caminos, ahondar en nosotros mismos porque la respuesta no siempre está a la vista. Pero siempre la encontraremos en nuestro interior, jamás afuera.

¿Qué papel ejerce la fe en nuestra determinación de crecer como mejores seres humanos?

Una de las razones principales por las que solemos sepultar nuestros sueños y nos dejamos arrastrar por una vida tediosa e insatisfactoria, es que creemos que jamás podríamos hacerlos realidad. La sociedad actual está predispuesta genética para ser destructora de sueños.

Desde que nuestros niños empiezan a hablar de sus deseos empezamos a intentar moldear sus pensamientos con metas “lógicas”.

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Esto ha derivado en una colectividad de personas resignadas y opacas, que cada día deben ir a trabajar como autómatas, para poder encajar en un mundo cada vez más convulso y estresante.

Y cuando alguien se atreve a hablar de sus sueños, una oleada de otros autómatas le recuerdan que debe “bajarse de las nubes y poner los pies en el suelo”.

Pero, como he comentado en el artículo sobre la fe, sin ella es imposible conseguir nada. Sea lo que sea que deseemos, debemos creer con todo nuestro ser, que es posible hacerlo realidad.

Y con esa capacidad suprema que tenemos los humanos de aferrarnos a una realidad que solo vive en nuestra mente conseguiremos todo aquello que nos propongamos.

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Así que, si ahora mismo te estás sintiendo perdido y sin rumbo, cayendo en una espiral de vacío y en medio de una crisis existencial en la que lo cuestionas todo, recuerda que las respuestas están dentro de ti. Hurga en tus recuerdos hasta encontrar aquello que te hacía feliz y aférrate a tus sueños. Recuerda, la felicidad no está en la meta, está en el esfuerzo que haces día a día por alcanzarla.

 

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