Es hora de evitar que el victimismo, en el que nos hemos dejado envolver gran parte de nuestra vida, se adueñe nuevamente de nuestras emociones. Necesitamos aprender a identificar esos patrones de conducta nocivos

¿CÓMO PODEMOS VENCER EL VICTIMISMO? 10 CONSEJOS PARA ROMPER PATRONES DE CONDUCTA NOCIVOS

Como analizamos en el artículo anterior, el victimismo puede ser una forma de asumir la vida realmente nociva. Aunque esto no es un trastorno propiamente dicho puede ser una característica del trastorno paranoide de la personalidad.

Cuando el creer constantemente que los demás nos harán daño y sus intenciones siempre serán perniciosas, se convierte en un patrón de conducta, estamos corriendo peligro de desembocar en este tipo de trastorno.   

Es posible que nuestra situación haya llegado a un punto en el que necesitemos ayuda profesional. En este caso es muy importante que seamos honestos en nuestro análisis autocrítico y aprendamos a vernos exactamente como somos.

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Aunque la misma idea de aceptar que hemos desarrollado patrones de conducta negativa pueda ser dolorosa, escapar a la realidad no nos conducirá a ningún sitio.

Es hora de evitar que el victimismo, en el que nos hemos dejado envolver gran parte de nuestra vida, se adueñe nuevamente de nuestras emociones. Necesitamos aprender a identificar esos patrones de conducta y no permitir que sigan interfiriendo en cualquier posibilidad de recuperación emocional.

Pensamientos que delatan el victimismo

La manera más efectiva de alcanzar el crecimiento personal es mediante el reconocimiento de las características negativas de nuestra propia personalidad y el empeño que le pongamos en mejorarlas.

Esperar nuestra “salvación emocional” de la mano de otra persona, no solo es una quimera, sino que además es nocivo y perjudicial. Aprender a identificar las voces que revelan los rasgos de nuestros patrones de conducta, es primordial para modificarlas y convertirlas en palabras que nos alienten a crecer.

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Identificando las voces del victimismo

Es común para las personas que son presas del victimismo sentirse atrapadas en una red de infortunios y calamidades.  Suelen repetirse constantemente preguntas como: ¿Qué he hecho yo para merecer esto? ¿Por qué tengo tan mala suerte? ¿Por qué todo lo malo me pasa a mí?

Si sentimos usualmente que los demás no nos tienen en cuenta, que nuestra pareja no nos da nuestro verdadero lugar, que nunca encontraremos trabajo, pareja, estabilidad o que nadie nos valora, es hora de asumir que estamos desarrollando un patrón de victimismo.

Recompensas a corto plazo del victimismo

Para la persona que ha desarrollado una mentalidad victimista, esta forma de asumir la vida puede proporcionarle ciertas “recompensas” a corto plazo por lo que los patrones de conducta negativos se reafirman y perpetúan.

Algunas de estas “recompensas” son:

  • Evitar el malestar que conlleva responsabilizarse de los propios fracasos. De esta forma no se daña su autoestima pues la supuesta culpabilidad recae en factores externos.
  • Conseguir la atención de las personas que se sentirán identificados con su triste historia.
  • Recibir la compasión de los demás
  • Obtener lo que quieren más fácilmente porque las personas no quieren verlo triste.
  • Evitar las críticas por su actitud, pues consiguen que la gente termine “comprendiéndolos”
  • Enarbolar su derecho a quejarse, mostrar tristeza, eludir la responsabilidad y manipular a otras personas para conseguir lo que quiere y obtener compasión y simpatía.

No obstante, esta actitud nociva acarrea más malestares e inconvenientes que supuestos beneficios. En primer lugar, es probable que las personas que le rodean se sientan como marionetas que están siendo manipuladas, provocando malestar y tensión en sus relaciones. O que su comportamiento le resulte tóxico a muchas de las personas con las que se relaciona y por ende terminen alejándose.

Esta actitud también le ayudará a enmascarar ciertas emociones desagradables, pero necesarias, como el arrepentimiento y el enfado. De esa forma, lejos de avanzar y superar los conflictos emocionales, se quedará atascado en sus propios atolladeros psicológicos, sin sentirse capaz de tomar el control de su vida.

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Todo esto contribuirá a perpetuar el ciclo de insatisfacciones, provocando que cada día haya menos lugar para sentir emociones positivas.  Y como su forma de comunicarse no contribuye a desarrollar relaciones saludables, tampoco va a crecer y realizarse como persona.

Cuando el victimismo es una forma de chantaje emocional y manipulación

Sin embargo, muchas personas con mentalidad victimista, utilizan esa conducta para conseguir que los demás hagan lo que ellos desean. En vez de comunicar directamente lo que quieren, harán sentir mal a la otra persona para obtenerlo.

Como se exoneran de toda responsabilidad, depositarán las culpas de cualquier problema que surja en los hombros de quienes le rodean, junto con la obligación implícita de buscar una solución. Exigirán esa solución desde su posición de victima deshecha y harán sentir culpable y egoísta a quien no ceda a sus caprichos. Esta forma de abuso emocional daña extremadamente las relaciones.

Cómo superar el victimismo

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Pero, ¿cómo podemos superar el victimismo? Como todas las conductas aprendidas, esta se puede “desaprender”. Es importante que aprendamos a reconocer las señales que nos hacen sospechar que estamos atrapados en un patrón de conducta victimista y comencemos a tomar medidas para cambiarlo.

Aunque la ayuda de un profesional, a veces es el camino más recomendable, hay mucho que podemos hacer para intentar poner de nuestra parte. Estos 6 consejos te ayudarán a determinar las áreas de tu vida en que estás necesitando ayuda.

1− Aprende a identificar la voz interna del victimismo.

Esa voz interna que nos recuerda lo injustos que están siendo con nosotros, no es otra cosa que el victimismo enmascarado de razonamiento. Puede que nos esté recordando que no le importamos realmente a nadie, que no tienen en cuenta nuestras emociones y que nunca podremos ser felices.

 Pero todas esas afirmaciones victimistas no dejan de ser pensamientos irracionales basadas en generalizaciones o predicciones catastrofistas.   

Aprender a identificar la voz del victimismo, nos ayudará a erradicar de nuestra mente todos esos pensamientos destructivos, que fomentan la autocompasión, la pasividad y desalientan cualquier acción encaminada a cambiar la situación.

2− Cambia la forma de expresarte.

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Una vez identificada la voz interior del victimismo, es hora de erradicar de nuestro vocabulario las catalogaciones radicales sobre lo que creemos que está “bien” o “mal” y las frases como “eso no es justo”, o “el (o ella) debería…”

La palabra “debería” entraña obligación. En una relación nadie está obligado a satisfacer las necesidades del otro. Usar ese término nos conduce a caer en una postura victimista en la que nos declaramos insatisfechos y subvalorados.

Hay muchas formas de expresar lo que realmente sentimos sin usar frases o términos que revelen una mentalidad victimista. Es importante cambiar la manera de comunicarnos a una que nos permita explorar nuevas alternativas y en la que asumamos responsabilidad por nuestros actos.

3− Aprende a expresar correctamente tus emociones.

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La incapacidad para expresar adecuadamente emociones como la ira o el enfado, conlleva a algunas personas a desarrollar una actitud victimista y resentida. Estas emociones desagradables son tan necesarias como las otras, porque resultan ser un indicador de que algo no está bien o de que estamos sufriendo algún tipo de amenaza o peligro.

Aprender a “etiquetar” de forma adecuada las emociones, nos ayudará a entenderlas y manejarlas apropiadamente. ¿Qué es lo que estamos sintiendo realmente? ¿Enojo, ira, frustración? ¿Tal vez tristeza o decepción? No podemos juzgarnos por la emoción que sentimos, ya que ninguna es errónea o equivocada.

Tampoco pueden determinar nuestra conducta. Es la forma de actuar ante esa emoción la que marcará la diferencia. Es nuestra respuesta la que puede beneficiarnos o perjudicarnos. Entender esto y trabajar de forma concienzuda para gestionar adecuadamente nuestras emociones marcará el camino hacia una actitud proactiva y objetiva.

4−Comunícate con asertividad

Aprender a comunicarnos con asertividad es un reto cuando hemos seguido siempre un patrón de comunicación desde una postura victimista.  Pero, ¿qué es la asertividad y cómo beneficia la comunicación interpersonal?

La asertividad es el arte de defender nuestros propios derechos, de manera adecuada y provechosa. Es una estrategia o habilidad comunicacional que nos sitúa entre dos conductas antagónicas: la pasividad, en la que permitiríamos que los otros decidan por nosotros y pasen por alto nuestros derechos y la agresividad que demostramos cuando no somos objetivos ni respetamos las ideas de los demás.

Es un modelo de relación interpersonal que permite a las personas defender sus derechos y manifestar sus convicciones, sin agredir ni someterse a la voluntad de los otros. En la asertividad, hallamos una forma de expresar nuestros sentimientos de forma consciente, oportuna, franca y objetiva.

La finalidad es comunicar nuestras opiniones o defender nuestros derechos legítimos sin perjudicar o herir a los otros. Esto se consigue al actuar desde un estado interior de autoconfianza y seguridad, en lugar de la emocionalidad típica que proviene de la culpa, la angustia o la rabia.

La asertividad es una conducta aprendida. Eso quiere decir que no existe una “personalidad asertiva innata”. Es posible aprender a ser asertivo por imitación. Aunque para algunas personas resulta más fácil esta forma de comunicación interpersonal, todos tenemos la capacidad de desarrollarla.

Nuestros patrones de comunicación han sido forjados por lo que se nos ha transmitido como modelo de comportamiento, ya sea a través de nuestro núcleo familiar o entorno social. Entonces, identificando el problema y las voces internas del victimismo, podemos comenzar a esforzarnos conscientemente por aprender a comunicarnos de forma asertiva, porque esta es la llave del éxito en cualquier relación.

5−La postura corporal y tu actitud

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Aunque parezca algo irrelevante, la postura que adoptamos refleja (e influye) en nuestra actitud. Las personas que mantienen una mentalidad victimista frecuentemente adoptan una posición replegada sobre si mismas.

Cuando comenzamos a tomar control sobre la situación, identificando pensamientos, frases y comportamientos del victimismo, deberíamos checar también nuestra postura corporal. Con una posición en que nos mantengamos erguidos, los hombros atrás y la cabeza alta, es menos probable que actuemos en una posición victimista.

El ejercicio físico, con sus conocidos beneficios para la salud física y emocional, puede ser de mucha ayuda para mejorar la autoestima y elevar la seguridad en nosotros mismos.

6− Sé el capitán de tu vida

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Con más frecuencia de la que imaginamos permitimos que el control de nuestra vida lo asuma factores externos a nuestra propia voluntad. Reflexionar sobre cómo nuestra conducta victimista ha influido en una determinada situación, puede darnos una idea de la gravedad del asunto.

Si hasta ahora has permitido que otras personas, circunstancias o situaciones marquen el rumbo de tu vida, mientras tu solo te sentabas a lamentarte, es hora de comenzar a actuar ya. Hacerlo en si mismo desafía la mentalidad victimista.

Busca ayuda, pide consejo si es necesario, pero evita caer en la queja y la autocompasión. Toma el control de tus pensamientos y tus palabras. Piensa y habla asertivamente y de forma proactiva y has de ello un ejercicio diario.

Planifica tus días de forma positiva, rodéate de personas alegres y entusiastas, abraza nuevos proyectos y aprende a lidiar adecuadamente con el fracaso. Toma el control total de tus emociones y sentimientos, defiende tus criterios porque tienes todo el derecho a hacerlo, pero hazlo siempre desde el respeto y la tolerancia hacia los demás.

¿Cómo podemos ayudar a una persona victimista? 

Si creemos que alguien que conocemos, ya sea nuestra pareja, un familiar o amigo, está comportándose con victimismo, necesitamos hacer algo para ayudarle a entender que su conducta es destructiva, no solo para él, sino también para las personas que le rodean.

Esto no siempre es fácil. Es necesario tener con esa persona una relación previa de cariño genuino, para que nuestros consejos sean bien admitidos. Para ayudar realmente a una persona presa de victimismo crónico hay que hacerle ver que tiene poder de decisión y que es necesario que asuma la responsabilidad que conlleva eso.

Estos cinco consejos pueden ayudarte a tratar adecuadamente a una persona con mentalidad victimista.

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1− Evita una actitud de superioridad

Si queremos realmente ayudar a alguien que se encuentra en esa situación es importante que no hagamos ni digamos nada que nos coloque en una posición de supuesta superioridad sobre él o ella. Frases que denoten la molestia que supone tratar con una persona victimista son nocivas para crear las bases adecuadas para ayudar a alguien.

No se trata de que cambie para terminar con el malestar que nos provoca su actitud. Debemos ser empáticos, ponernos en una posición genuina de comprensión y apoyo y ayudarla a llevar a cabo acciones productivas.

Evita a toda costa etiquetarla como “victimista”, “trágica” o cualquier otra palabra que denote incomprensión o superioridad por nuestra parte.

 3− Escúchala realmente.

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Escuchar y entender lo que la persona que se comporta con victimismo nos está diciendo, no significa tener que darle la razón. Pero es importante hacerle saber que la estamos escuchando y que validamos sus emociones. Frases como “entiendo lo que dices” la ayudarán a expresarse libremente y de esta forma poder recibir ayuda.

Debemos entender que, aunque su hilo de pensamiento sea desacertado e irracional, las emociones que siente son genuinas. Si alguien cree que la gente le quiere hacer daño o no lo valora, es normal que se sienta frustrado, triste o enfadado.

3−Incentívala a comprometerse y actuar

Es muy importante no tratarla como a una víctima. Nuestras palabras deben reflejar que la vemos como una persona comprometida y capaz de actuar para generar cambios. En vez de solo limitarnos a escuchar cómo se lamenta de su horrible situación podemos decir algo como: “debe ser muy difícil lo que estás pasando, ¿has pensado cómo solucionarlo?”

Una vez que se haya comprometido a cambiar algo, debemos incentivarla a alcanzarlo. Es normal que pronto se desanime y recaiga en su viejo habito de victimismo una y otra vez. Pero ayudarla a visualizar una vida diferente, en que la influencia del victimismo no la afecte, es un buen recurso para que retome su empeño.

La clave es que aprenda a darse cuenta que, por terrible que sea una situación, hay que seguir adelante. Quejarse solo es una pérdida de tiempo que nos induce a quedarnos estancados. Siempre habrá algo que podamos hacer para revertir el daño que estamos sufriendo y a eso es a lo que debemos animarlo. 

4− Ayúdala a crear un plan de acción

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A la persona con mentalidad victimista le resultará muy difícil creer en el éxito futuro de cualquier acción posible. Por eso necesitará nuestro apoyo. Pero debemos recordar que es su vida y por lo tanto deben ser sus proyectos, no los nuestros.

Para eso podemos ayudarla a reflexionar sobre sus objetivos y metas y qué hubiera querido lograr si las condiciones fueran diferentes. Tal vez podemos hacerle ver las diferentes oportunidades que tiene para alcanzar sus sueños y cómo es posible hacer que realmente funcione.

Pueden analizar juntos lo que han hecho o conseguido otras personas en situaciones similares y hacerle sentir nuestro apoyo incondicional en su empeño para alcanzar sus objetivos. Y debemos recordarle que, aunque es posible que algunas acciones aisladas no tengan un efecto importante, la práctica continua sí modificará sustancialmente el resultado.

5− Aliéntala y refuerza sus logros

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Recuerda que ser constante es algo difícil, sobre todo si se ha seguido un patrón de victimismo. Así que no te desentiendas de ella una vez que se ha comprometido a actuar. Habla de vez en cuando de su plan de acción y comprueba cómo le está yendo.

No te sorprendas si no ha hecho nada, recuerda que su propia actitud actuará en su contra todo el tiempo. Recuérdale lo que han hablado antes y felicítale por cada avance o impedimento superado.

Sé optimista siempre que mencionas sus proyectos y nos des por sentado que renunciará a sus objetivos. Al contrario, mantén la actitud de que sabes que lo logrará tarde o temprano. Transmite siempre un mensaje de fortaleza, ímpetu y optimismo. Recuerda que las emociones son contagiosas y la mejor ayuda que puedes dar a alguien es contagiarlo con tu propia actitud positiva.

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