aspectos negativos de la personalidad

LA PRINCESA Y EL ESPEJO. 1 CUENTO SOBRE CÓMO IDENTIFICAR Y MEJORAR ASPECTOS NEGATIVOS DE LA PERSONALIDAD

Si eres de esas personas que sienten que todos a su alrededor tienen defectos y estás rodeado de ineptos, resentidos y odiosos, este cuento es para ti. Si analizas correctamente la situación, pudieras descubrir cosas muy interesantes acerca de ti mismo. Basándonos en la teoría del espejo, aprenderemos a identificar los aspectos negativos de la personalidad que debamos mejorar.

La princesa y el espejo

Cuando los aspectos negativos de la personalidad que vemos en los otros, solo son un reflejo de nosotros mismos

aspectos negativos de la personalidad

Había una vez una princesa cuya belleza era conocida hasta en los reinos más lejanos. Pero más que su belleza, lo que la hacía tristemente famosa era su carácter agrio y malhumorado del que no escapaban nobles ni plebeyos. Junto a la princesa siempre estaba su doncella, una dulce muchacha que debía aguantar en silencio improperios de todo tipo.

Era normal que los sirvientes se pasaran unos a otros “el honor” de acercarse a su majestad para prestarle algún servicio o darle noticias del reino, pues nadie escapaba del veneno de su lengua. Solo su doncella, una chica poco agraciada, pero con un corazón muy noble, estaba siempre a su lado haciendo todo lo posible por mantener feliz a la princesa.

Sin embargo, nadie en el mundo podía contentarla. Y pasaba los días lamentándose de su horrible suerte al estar rodeada de personas torpes, ignorantes, feas y estúpidas. -Nadie está a mi altura- solía quejarse con frecuencia –me siento tan terriblemente sola y triste.

Pero un día, al reino llegó un lujoso carruaje de cuyo interior descendió un apuesto caballero, de negra y tupida barba y un hermoso turbante en la cabeza, ornamentado con un gran rubí. El caballero pidió ver a la princesa y le hizo saber que traía un presente para ella desde tierras muy lejanas.

La princesa estaba muy emocionada, aunque el caballero le pareció petulante y poco refinado le hacía muy feliz recibir el misterioso obsequio. Entonces el forastero haciendo uso de gran parsimonia ordenó a sus sirvientes que trajeran delante de la princesa una inmensa caja larga y estrecha. Solo pidió que no fuera abierta hasta que él se hubiera marchado de palacio pues así lo quería su señor.

Cuando la caja fue abierta en presencia de todos los expectantes cortesanos pudo verse que se trataba de un magnifico espejo. Estaba enmarcado en oro y esculpido con diamantes, rubíes y esmeraldas. Todos quedaron encantados con tan deslumbrante primor y ante la orden de la princesa fue colocado en una de las paredes del salón más importante de palacio.

La vanidad de la princesa no se hizo esperar e inmediatamente quiso ver su hermosa imagen reflejada en aquel magnifico espejo, digno de la majestuosidad de su palacio y de su propia belleza.

Todos estaban tan emocionados con aquel espejo que caminaron muy cerca de ella para presenciar el gran momento en que la princesa se viera reflejada en él. La doncella siempre a su lado, aunque un poco más atrás para que nada le quitara protagonismo a su ama. Y entonces, cuando estuvieron todos frente al espejo, dos sirvientes dejaron caer el velo que lo cubría, quedando a la vista su majestuosidad y devolviéndole a los presentes una imagen de ellos mismos.

Pero para sorpresa de todos, la imagen que devolvía de la princesa era grotesca y horrible. Ni su cuerpo ni su cara reflejaban la delicadeza y hermosura refinada de que solía presumir. Era una figura desagradable, repulsiva, que provocaba asco y desprecio.

Ante esto la soberana estalló en un gran arrebato de ira. No podía creerlo, su belleza era incuestionable, ningún espejo del mundo se negaría a reflejarla tal y como era. Pero más indignante aún era el hecho de que su simplona doncella relucía en el cristal con una belleza incomparable. Y con todos los presentes sucedía algo parecido, unos se veían mucho más agraciados de lo que eran, mientras que otros se veían espantosos.

Con gran frenesí arrojó contra el espejo un valioso jarrón que tuvo a la mano. Pero, aunque el jarrón se hizo añicos, el espejo permaneció intacto. Desclaven inmediatamente ese maldito engendro de mi palacio –gritó descompuesta la princesa- no quiero verlo nunca más en mi vida. Pero, aunque hicieron de todo por arrancar el espejo, este parecía haberse fusionado a la pared.

Lo intentaron los mejores albañiles y hábiles obreros de todo el reino. Inútilmente. Ni siquiera podían derribar la pared. Era como si un poderoso hechizo hubiera convertido al muro en el que se había fundido el espejo en un baluarte indestructible. Tampoco podían cubrirlo, pues todo lo que se le ponía encima era pulverizado deshaciéndose en las manos de quienes intentaban taparlo.

Con el tiempo la princesa desistió. Evitaba a toda costa entrar al salón principal y pasaba mucho tiempo en su habitación. Su carácter se hizo más ácido de lo que ya era y maldecía y gritaba a todos sin control. Y algunas veces cuando a mitad de la noche, para que nadie la viera, se paraba de nuevo frente al espejo, descubría que su imagen era cada vez era más espantosa y aterradora.

La dulce y noble doncella, a la que ahora odiaba más que nunca y disfrutaba humillándola y recordándole lo inútil y fea que era, hacia todo lo posible por ayudar a la princesa. Siempre que podía hablaba con los ancianos que encontraba en el pueblo, en busca de algún consejo que pudiera solucionar aquel problema.

Así supo de un sabio hechicero cuya fama trascendía los reinos aledaños. Viajó hasta las montañas donde vivía el mago aislado en una caverna y al encontrarlo le suplicó de rodillas que viajara con ella a palacio y ayudara a su señora. Aunque al principio el hechicero se mostró poco interesado, fue conmovido por la vehemencia y las lágrimas de aquella dulce muchacha.

Cuando la princesa supo de la llegada del mago dispuso todo para hacerle un gran recibimiento. Necesitaba que alguien solucionara aquel problema y les enseñara a sus criados lo que debían hacer para arrancar el espejo de la pared y destruirlo para siempre.

Sin embargo, el mago, quien era un señor muy viejo y con una larguísima barba blanca le dijo que podría decirle la solución mágica solo a ella. Así que, a su orden, todos los presentes abandonaron la sala dejando a la princesa con el hechicero.

-Dígame por favor -suplicó la princesa- ¿Cómo puedo deshacerme de ese espejo embrujado?

-Lo siento -le dijo el sabio- pero eso es imposible. Es un espejo mágico y solo se irá del palacio cuando haya cumplido su cometido.

-Entonces usted solo es un inútil charlatán más -gritó descompuesta la princesa- un estúpido como los tantos que me rodean.

El sabio anciano no respondió. Guardó silencio mientras la princesa despotricaba frenéticamente contra todos sus semejantes. Pero cuando se le acabaron las fuerzas se quedó quieta y desfallecida en su trono, sin esperanzas. Entonces dos lagrimas rodaron por sus mejillas mientras miraba suplicante al mago en busca de alguna respuesta.

El espejo es mágico -repitió el mago calmadamente- no es para mirarse el cuerpo, es para verse el alma. La princesa lo miraba estupefacta. ¿Quería decir eso que su alma era tan horrorosa? ¿Quién era este vetusto espécimen que se atrevía a cuestionar su espíritu?

Todos tenemos la posibilidad de visualizarnos por dentro –continuó el hechicero- pero la mayoría ignoramos las señales. Nos preocupamos de arreglar el cuerpo, de acicalarnos y embellecernos por fuera y olvidamos cuidar el alma para que también luzca hermosa. Cada vez que veías en los demás fealdad, vicios, torpeza e ignorancia estabas viendo un reflejo de lo que eres por dentro.

Si solo podemos ver el lado malo de la gente, si todos nos parecen estúpidos, ignorantes y engreídos, deberíamos recordar que los otros son nuestro mejor espejo. Las personas con el alma más bella son capaces de ver la belleza en todos. Y dicho esto desapareció.

Al verse sola comenzó a llorar inconsolablemente. Su doncella entró al escuchar aquellos tristes lamentos y se asombró mucho al ver que el mago había desaparecido sin dejar rastro. La princesa muy triste le relató la conversación que habían tenido y cómo estaba condenada para siempre a verse en aquel espejo como un horrible monstruo.

La doncella la escuchaba en silencio. Le apenaba muchísimo ver a su señora atrapada en aquella desconcertante situación y tras pensar durante un rato se le ocurrió una idea para ayudarla. Al otro día muy temprano ambas mujeres, vestidas como humildes campesinas, abordaron el más sencillo de los carruajes y se fueron a visitar el país.

En su largo viaje conocieron mucha gente. Conocieron a los que trabajaban muchas horas para fabricar las telas con las que se hacían sus finísimos vestidos, y ellas mismas estuvieron en los telares varios días como simples trabajadoras. Conocieron y ayudaron a los campesinos que labraban la tierra y cosechaban los alimentos con los que se preparaban los manjares del palacio. Conocieron a mujeres fuertes y valientes que trabajaban duro con sus manos para llevar el pan a sus hijos, conocieron a sus hijos y compartieron el pan con ellos.

En fin, que por primera vez conoció a su pueblo y su gente. Y cuando los conoció de verdad, cuando los trató de igual a igual y aprendió a sentir empatía, comenzó a verlos diferente. Vio cuan industriosos, capaces y hábiles eran. Cuanto amor, compasión, valor y entereza podían poseer. Y por primera vez en su vida se sintió feliz.

Con el corazón ensanchado de alegría regresó al palacio la princesa junto a su doncella, la que ahora le parecía mucho más bonita que nunca. Al llegar fue recibida por sus súbditos en la plaza con gran júbilo y alegría. Increíblemente todos le parecieron amables, corteses, inteligentes y gentiles. Los abrazó y les pidió perdón por haber sido tan necia y disfrutó como nunca en su vida de bailar y cantar junto a su pueblo adorado.

Al terminar la fiesta cansada de tanto reír y bailar la princesa entró al palacio. Estaba tan dichosa y feliz que no reparó en que había llegado justo delante del espejo embrujado. Al darse cuenta contuvo la respiración. Pero con valentía y tenacidad levantó la mirada para ver al horrible monstruo que la esperaba detrás del cristal.

Pero cual no fue su sorpresa al descubrir que, en lugar de una grotesca y detestable criatura, la miraba desde el otro lado una hermosa mujer, cuya dulzura iluminaba su mirada. Todos los que venían detrás de ella pudieron verlo y se sintieron muy felices por ella.

En ese momento uno de los criados se dio cuenta de que el espejo ya no estaba fundido a la pared y que era muy fácil desprenderlo y deshacerse de él. Pero la princesa pidió que se detuvieran. El espejo se quedará -dijo- cada día lo miraré para recordar que la verdadera belleza nace en el alma.

¿Qué es la teoría del espejo o reflejo de la personalidad?

Todos en algún momento de nuestra vida hemos sido la princesa. Descubrir defectos en los demás es fácil, por una sencilla razón, todos tenemos defectos. Cometer errores, tomar malas decisiones, juzgar a la ligera, perder el control cuando deberíamos mantener la calma y muchos más, son errores que están presentes de una forma u otra en cada uno de nosotros. Sin embargo, nos gusta pensar que nuestras virtudes superan las faltas y así debería ser.

Como es lógico y ante tan variado abanico de posibilidades, las razones por las que pudiéramos considerar a alguien “buena o mala persona” son subjetivas en la mayoría de los casos. O sea, que cuando nuestro subconsciente decide emitir un juicio sobre alguien, puede decidir entre concentrarse en los aspectos negativos de la personalidad de esa persona o descubrir y valorar sus virtudes.

Entonces, ¿Qué nos motiva a decantarnos al emitir un juicio negativo de los otros o uno positivo? La respuesta pudiera estar relacionada con la teoría del espejo o reflejo de la personalidad que se le atribuye al psicoanalista Jacques Lacan.

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Según él, entre los seis y los dieciocho meses de edad sucede la fase de desarrollo psicológico del niño, en el que aparece la formación del yo. En ese periodo aprende a identificar su propia imagen en el espejo y al hacerlo, esto le proporciona gran alegría.

Si extrapolamos esto a las relaciones sociales podemos entender por qué nos llevamos bien con personas parecidas a nosotros. Nos agrada vernos reflejados en otras personas. Y con frecuencia atribuimos a los demás virtudes nuestras, como sucede cuando nos enamoramos e idealizamos a la otra persona con cualidades que muchas veces no posee.

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Pero, como sucede al miramos en un espejo, que no siempre nos gusta todo lo que vemos, hay en nosotros muchos rasgos o aspectos negativos de la personalidad que nos desagradan, a veces inconscientemente. Trasladar nuestros propios defectos a las personas que nos rodean parece ser una respuesta instintiva en algunos casos.

Una mirada realista de nosotros mismos nos revela aspectos negativos de la personalidad que podemos cambiar

Eso no quiere decir que no podamos estar al tanto de las fallas o malas actitudes de otros porque inmediatamente nos convertiremos en los que tienen el problema. Pero fijarnos en ciertos detalles nos puede dar una pista de si realmente poseemos aspectos negativos de la personalidad que debamos identificar y corregir cuanto antes.

Por ejemplo, a no ser que estemos relacionados con grupos criminales o retenidos en contra de nuestra voluntad en un ambiente hostil, nuestras relaciones sociales, amigos, familiares o compañeros de trabajo entrarán en el rango de “personas normales o comunes”. Eso quiere decir que podremos encontrarnos diferentes caracteres y personalidades y aunque es probable que choquemos con personas desagradables, envidiosas o raros, estadísticamente es imposible que todos nuestros contactos personales tengan más defectos que virtudes.

Por lo tanto, si comenzamos a tener problemas en el centro de trabajo con todos nuestros compañeros, si llegar a casa es como hacerlo a un campo de batalla y además tenemos amigos complicados con los que terminamos discutiendo siempre, deberíamos recordar aquello de que “cuando el infierno son los demás, el paraíso no es uno mismo”.

Reconocer que el problema está en nosotros y que son los aspectos negativos de la personalidad los que están interfiriendo en que tengamos relaciones sanas y saludables no es nada fácil.

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Pero si realmente queremos comenzar a dar pasos en el camino a nuestro crecimiento personal debemos ser sinceros a la hora de autoevaluarnos. Aceptar que tenemos que mejorar aspectos negativos de la personalidad es el primer paso para avanzar y convertirnos en personas cuyos valores son apreciados por otros. Para eso debemos recordar siempre que los que nos rodean son el espejo donde nos vemos. Si lo que percibimos, en su mayoría no nos gusta, tal vez estemos proyectando en los demás el desagrado que inconscientemente sentimos por nuestras propias faltas.

Sustituir sentimientos negativos por positivos puede ser un buen recurso

No hay un método infalible en el camino hacia el crecimiento y la superación personal. A cada persona le puede funcionar diferentes maneras de intentarlo. Pero, si hemos estado atrapados durante mucho tiempo en una rueda de negatividad, en la que parece que todo lo que hagamos vaya mal, deberíamos considerar un cambio radical de actitud. Esto es mucho más fácil decirlo que hacerlo. Para comenzar debemos replantearnos seriamente nuestra visión de la gente y la vida.

Una vez estamos atrapados en un círculo vicioso negativo, es muy difícil escapar de la rueda. Por inercia nuestros pensamientos van a seguir siendo negativos y una y otra vez nos veremos tentados a juzgar a los demás desfavorablemente y buscarle defectos. Es por eso que, el intentar llenar nuestra mente con pensamientos positivos debe ser un esfuerzo constante y concienzudo.

Pero, aunque es difícil, sobre todo al comienzo, es posible. Llenar nuestra mente de positividad, alegría y sentimientos nobles debe ser un ejercicio constante que nos conduzca a detener la rueda negativa y echar a andar la positiva.

aspectos negativos de la personalidad

Ser alegres, positivos, amables, empáticos, ayudar a otros siempre que podamos y concentrarnos en sus virtudes y no en sus defectos, es la mejor manera de cultivar una personalidad saludable y atractiva. No tiene efectos secundarios ni cuesta dinero. Una vez que hagamos nuestra esa actitud será más fácil transitar el camino. La vida tendrá un sabor más dulce y comenzaremos a disfrutar de verdaderas relaciones interpersonales.

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